Violencia en línea contra las mujeres, machismo 2.0

A pesar de que el acoso y maltrato en línea contra las mujeres viene creciendo en Latinoamérica, en Colombia no hay información concreta para diseñar políticas públicas y legislación para enfrentar estos fenómenos.

Ómar Emanuel Falcón Torres, conocido en internet como Medeabot, es un ciberdelincuente puertorriqueño que en 2017 se declaró culpable por 55 casos relacionados con violencia en línea contra las mujeres y acoso digital en redes sociales. Falcón Torres enfrenta cargos por divulgación de comunicaciones, alteración y uso de datos personales en archivos, acecho constante y repetitivo y apropiación ilegal de identidad. Tiene, además, otras 46 acusaciones menos graves por amenazas e intrusión en la tranquilidad de sus víctimas.

Según la investigación, publicada parcialmente en el “Reporte de la situación de América Latina sobre la violencia de género ejercida por medios electrónicos”, Medeabot utilizó más de 300 cuentas de Twitter para acosar y amedrentar mujeres. “Voy a dejar a tu marido sin esposa”, “mira que tú eres fácil de secuestrar”, “tú no tienes dignidad”, “te voy a matar”, eran algunas de las frases del repertorio criminal de este usuario. Incluso, una de las afectadas lo denunció por haberle enviado 190 mensajes de texto no deseados a su celular, en varios días, y por haber publicado su número de teléfono en un sitio de internet, acompañado de fotos falsas como parte de un anuncio ofreciendo servicios sexuales.

El caso de Falcón Torres, emblemático por su magnitud y alcance mediático en Puerto Rico, es sólo una de las múltiples caras del acoso en línea contra las mujeres y se repite de forma silenciosa y sistemática en el resto de América Latina, incluida Colombia. La Fundación Karisma, una organización de la sociedad civil que trabaja en la defensa de la libertad de expresión, la privacidad y la igualdad de género en los espacios digitales, cree que el fenómeno de violencia de género en línea en nuestro país es más complejo, porque hay un vacío significativo y generalizado en las estadísticas.

“Sin datos, sin conocimiento y caracterización del problema, no cabe duda de que cualquier política, norma, estrategia y/o acción por parte del Estado será más bien una acción para dar palos en el aire”, aseguró Amalia Toledo, investigadora de Karisma y autora del artículo “Colombia, sin estrategias para combatir la violencia digital”.

Aunque en el país aún no haya cifras compiladas de la violencia en línea, vale la pena recordar los datos de otras clases de agresiones contra la mujer para entender la gravedad del fenómeno. Según Medicina Legal, el 59 % de las víctimas de los 26.473 casos de violencia en el contexto familiar presentados en 2016 fueron mujeres. En cuanto a la violencia de pareja o expareja, la mujer es la víctima en el 86 % de los más de medio millón de casos reportados en ese periodo. La organización colombiana Sisma Mujer estima que una mujer es asesinada por su pareja o expareja sentimental cada tres días, un incremento de 12 % durante el último año.

De acuerdo con Karisma, la ausencia de registros concretos en casos de violencia en línea contra las mujeres genera un preocupante vacío jurídico que deviene en altos índices de impunidad. “Las actuales normas en materia de violencia contra la mujer en Colombia aún no cuentan con estrategias de abordaje y control en entornos digitales. Esto supone un reto importante porque las TIC, en especial internet, se están configurando como un nuevo campo de tensión para las mujeres”, añadió Toledo.

El problema radica en que la violencia digital contra las mujeres no sólo replica las dinámicas de violencia del mundo fuera de línea, sino que, por la naturaleza de internet, agudiza y agrava los efectos y consecuencias negativas de este tipo de acoso. “En la red los contenidos violentos son fácil y ampliamente difundidos y compartidos entre muchas personas, además de que permanecen accesibles durante mucho más tiempo después del incidente inicial”, se lee en un informe presentado, en noviembre pasado, por Karisma a Dubravka Šimonović, relatora especial sobre la violencia contra la mujer de la ONU.

Algunas de las manifestaciones de la violencia digital más comunes en Colombia, según el informe, son “el ciberacoso exhibido a través de la difusión de rumores y la publicación de mensajes denigrantes; la divulgación sin consentimiento de fotos con contenido íntimo sexual; la revelación de información personal como ubicación, contactos; la sextorsión o chantaje con una imagen de contenido sexual de la víctima; amenazas de violencia física o de muerte”.

Una investigación sobre violencia en línea contra la mujer en México, realizada por el colectivo de mujeres @Luchadoras, demuestra que, además de la falta de estadísticas, la ausencia de políticas públicas, los vacíos jurídicos y la impunidad reinante hay otro factor que hace más vulnerables y revictimiza a las mujeres acosadas: los impactos de la violencia en línea suelen ser desestimados y subvalorados por las personas cercanas a las afectadas y por las autoridades. “Al tratarse de ataques que se cometen en el ámbito virtual, no se consideran reales”, dice el documento de @Luchadoras, y añade: “Sin embargo, estas violencias tienen impactos y consecuencias graves en la vida cotidiana de las mujeres”.

*Si usted ha sido víctima de alguna forma de violencia en línea, nos gustaría escuchar su historia. Puede enviarla, anónimamente si quiere, al correo jmhernandez@elespectador.com

-Fuente: https://www.elespectador.com

Érase una vez una antiprincesa

#LecturasRecomendadas La actual tendencia, en el mundo, es a abrir espacios que no carguen con los estereotipos de género. La idea es “desprincesar” personajes femeninos y dar otra perspectiva a los masculinos.
“A la gente que se siente silenciada por el acoso, la discriminación y los abusos: se acabó… Vamos a contar sus historias”, dijo Reese Witherspoon al subir al escenario de los Premios Globo de Oro. Acababa de recibir el premio a la mejor miniserie, Big Little Lies, que la tenía como coproductora junto con Nicole Kidman. Las historias, el entretenimiento, los juegos están cambiando. En las pantallas, en el papel, en todos los soportes y los géneros. La literatura infantil y juvenil (LIJ) viene tomando nota de este cambio. Se están haciendo más visibles los temas o la mirada de género. Desde los libros que recuperan biografías de mujeres hasta aquellos que instalan ciertos temas de la agenda como diversidad sexual y por supuesto también están los que ponen a las chicas como protagonistas de historias nuevas y riesgosas. Como le ocurre a las tres protagonistas de Big Little Lies.

Hay muchos libros que recuperan las historias de género, como el clásico de Rosa Montero, Historias de mujeres, o Mujeres a contracorriente de Clara Obligado, y feministas como Marcela Lagarde que recomiendan leer biografías inspiradoras. La novedad es que la misma idea se trasladó a libros destinados a lectoras más jóvenes.

Editorial Planeta publicó este año en Argentina el libro Cuentos de buenas noches para niñas rebeldes, de Elena Favilli y Francesca Cavallo. Es un bestseller que nació en Italia, y cuenta cien historias de mujeres de distintos países del mundo. Relatos estimulantes, de la vida de matemáticas, astronautas, modelos, políticas, ciclistas que dejaron huella en este mundo. Que no esperaron. Que no hicieron lo que les dijeron que debían hacer. “A todas las niñas rebeldes del mundo: sueñen en grande, aspiren a más, luchen con fuerza y, ante la duda, recuerden esto: tienen razón”, reza en su primera página, roja y en papel ilustración, como todo el libro, que además está acompañado por ilustraciones de cada una de estas heroínas hechas por 60 artistas de distintas partes del mundo. Montena también sacó su libro de vidas excepcionales de 26 “superguerreras”. Se llama Las chicas son guerreras, y en sus páginas se encuentran desde Mary Shelley hasta Lady Gaga, pasando por Ada Byron, Marie Curie, Virginia Woolf, Coco Chanel, Agatha Christie, Frida Kahlo, Simone de Beauvoir, Rosa Parks, Audrey Hepburn, Jane Goodall, Malala y muchas más. Algunas son figuritas repetidas en ambos libros. Los mismos autores, Irene Cívico y Sergio Parra, publicaron también Las chicas son de ciencias: 25 científicas que cambiaron el mundo. Además desde Europa se ofrece Valerosas 1: Mujeres que solo hacen lo que ellas quieren (Vela Gráfica), de Pénélope Bagieu y traducción de Fernando Ballesteros (y está Valerosas II). No por casualidad, las tres propuestas se ofrecen juntas en amazon.es.



En Argentina, Chirimbote, editorial infantil con mirada de género y autogestiva, instaló la noción de las antiprincesas hace un par de años. También son biografías pero de latinoamericanas. La colección de libros Antiprincesas nació en abril de 2015, “pero las venimos pensando desde hace mucho tiempo, porque veíamos que las chicas sólo tenían como referentes a las princesas de Disney, y pensamos que sería bueno darles una alternativa más real, que pudiera hacerlas sentir más libres e independientes. Nos dimos cuenta que los varones también son afectados por esa imagen del príncipe azul y salvador, que no se corresponde con una realidad donde las mujeres estudiamos y trabajamos para llegar a ser alguien por nuestra propia cuenta. Así surgieron también los Antihéroes, que son héroes también, porque hacen cosas que perduran en el tiempo, porque enfrentan miles de situaciones para salir airosos, pero también pensamos que no solo son hombres que lucharon y ganaron todas las batallas, como a veces se pretende que sean los héroes, sino que también se puede sobresalir desde lo masculino haciendo otras cosas”, cuentan en su web. Frida Kahlo, Violeta Parra y Juana Azurduy son algunas de las biografías ilustradas que intentan incorporar variedad a los modelos tradicionales de mujeres de cuentos.

“Las feministas e incluso el mercado literario está encontrando un lugar para el disenso frente a ciertos estereotipos femeninos, reivindicando figuras femeninas relegadas o incluso presentando mayores contradicciones entre la relación femenino-masculino. La colección antiprincesas, es uno de los ejemplos que pone en relieve la vida de mujeres trascendentes. Eso no impide reconocer los mecanismos de perpetuación, que continúan expresándose a través de innumerables relatos, y que en nombre de la identidad y la tradición se estructuran bajo el modelo patriarcal y heterosexual de familia”, comentó a este diario Mara Lesbegueris, autora de ¡Niñas jugando! Ni tan quietas ni tan activas, de Editorial Biblos (ver aparte).

En su libro La construcción de género en la Literatura infantil y juvenil (LugarEditorial), Graciela Perriconi aborda cómo se construyó la subjetividad femenina en la LIJ en las últimas décadas, entre otros temas. Consultada por este fenómeno actual, dijo: “Podríamos aseverar que la novedad literaria de este tiempo es la de animarse a mostrar subjetividades que se constituyen precisamente a partir de los desvíos, rupturas y disensos que son capaces de establecer respecto de esos modelos hegemónicos y los roles sociales recomendados. Hablamos de los relatos que problematizan las formas tradicionales de maternidad y proponen configuraciones familiares y sexuales alternativas” (ver aparte).

Con el acento puesto en romper con los estereotipos, las nociones tradicionales de familia e identidades de género Oasis, Cuentos para niñxs, surgió hace cuatro años como librería virtual. Por la misma época también surgieron editoriales como Muchas nueces y Molinos de Viento. Un clásico de la primera es La princesa guerrera, que se termina enamorando de una mujer, y de la segunda Anita y sus dos mamás, que cuenta la dinámica diaria de las familias diversas. En igual plan, rompiendo estereotipos, en 2016 surgió un proyecto de crowfounding en España que trabaja con la reescritura de los cuentos clásicos con la idea de “desprincesarlos”. Érase dos veces lanzó este año la reelaboración de El patito feo, Rapunzel y La ratita presumida. “Rapunzel es una mujer que espera, espera y espera. Con un modelo de príncipe que es el de siempre: el rescatador de la dama en apuros… ¡qué rollo! En Érase dos veces hablamos de cómo el miedo te ata, presentamos una Rapunzel que busca en su interior la valentía y un príncipe con una masculinidad poco habitual en los cuentos clásicos: no le dice a Rapunzel lo que tiene hacer, le gusta cuidar de los demás con amor e incluso sabe tejer!!!!”, cuentan desde su web.

En noviembre de 2015, Witherspoon ya había aprovechado un discurso para hablar de lo que es importante para ella. En la gala Women of the Year de la revista Glamour cuestionó la pregunta que todas las historias ponen en la boca de chicas y mujeres cuando hay que resolver un problema –“¿qué hacemos ahora?”–, siempre mirando al chico del guión, esperando que él sea quien traiga las soluciones. Desde ese año creó una productora propia y todas sus películas y series cuentan historias de mujeres en diferentes etnias, ocupaciones, trabajos; chicas que “no son buenas o malas, son  audaces, malditas, peligrosas, como las mujeres reales de nuestras vidas”, dijo la Witherspoon.

Tal vez ésta sea una de las propuestas discursivas más ricas, en la que la perspectiva de género aparece de manera más sutil, en cada decisión argumental y artística tomada por quien escribe.

En ese sentido, en un artículo para la revista Desdeelpie.com, la profesora de literatura y especialista en infancia Florencia Elgorreaga valoró una experiencia local, cuando la editorial Abril, entre 1953 y 1958, publicó El diario de mi amiga con la participación de guionistas como Héctor Oesterheld, Conrado Nalé Roxlo, Boris Spivacow, Alberto Ongaro y excelentes dibujantes, como Breccia y Pratt. También abrió interrogantes sobre algunas propuestas infantiles atravesadas por lo políticamente correcto. “Se proponen muchas veces –sostuvo la especialista– como alternativa a los cuentos tradicionales las biografías de mujeres que se han destacado en su actividad. Naturalmente, nada lo desaconseja. Pero la realidad costumbrista no puede ser el único alimento de la fantasía. Es más, la identificación con sujetos –o sujetas– que han vivido, cuando es única, tiene los límites de un camino ya recorrido. La múltiple fantasía permite procesar y recrear los deseos propios. Las niñas y los niños que no han leído textos de realidades diversas, fantásticos, realistas, ubicados en contextos históricos y geográficos variados tienen más dificultades para desarrollar conocimientos sociales, empatía con el otro y posibilidades de distinguir claramente la realidad de la fantasía”.”Todo esto no significa que no haya que promover la escritura, edición, divulgación de una nueva literatura infantil, con perspectiva de género, y también con valores vinculados a los derechos humanos y sociales. Pero lo que ninguna propuesta para los chicos debe dejar de lado es el espacio para la aventura, la fantasía, la imaginación. Los relatos solemnes y aleccionadores, la ‘moraleja’ más o menos explícita no produce emoción ni empatía, no logra internalizarse ni movilizar los sentimientos propios”, agregó.

Porque como viene diciendo el grupo de artistas feministas Guerrilla Girls desde los 80: “cada una de las decisiones estéticas esconde un valor por detrás”.

-Fuente: https://www.pagina12.com.ar

-Imagen: https://www.pagina12.com.ar