ABUSO EN LA INFANCIA Y ADOLESCENCIA: CONSECUENCIAS EN LA VIDA ADULTA DE LAS MUJERES

No, denunciar abusos no está de moda. Las mujeres comenzamos a hablar, a perder el miedo. “Quiero reconocer a todas las mujeres que sufrieron abusos y siguieron adelante porque tenían, al igual que mi madre, hijos que mantener, cuentas que pagar y sueños que perseguir”,  expresó Oprah Winfrey en la edición de los premios #GoldenGlobes y las mujeres gritamos #TimeUp en el mundo, aliviadas y contagiadas de fuerza.

#TimeUp al violento, al hombre que se cree dueño de las mujeres y sobre todo de su sexualidad. Y ojala llegue el #TimeUp a los pactos de silencio familiares.

Por Lenny Cáceres

Si bien no existen estadísticas hay profesionales dan cuenta del un alto porcentaje de mujeres adultas abusadas en la infancia y/o adolescencia. “Si, es alto el número de mujeres abusadas  en infancia y/o adolescencia. Y teniendo en cuenta que no siempre el espacio psicoterapéutico es un lugar de revelación del abuso”, así lo expresa Rosa Lambert, psicóloga con perspectiva de género y vasta trayectoria profesional.

Pactos de silencio

Uno de los aspectos más traumáticos para las mujeres abusadas y que ha permitido perpetuar esta forma de violencia son los “pactos de silencio familiares”, no siempre explícitos. Los pactos de silencio al interior de las familias, siguen vigentes menciona Sonia Almada, psicóloga clínica y a modo de ejemplo cita el siguiente caso:

“Hace cierto tiempo, realice el psicodiagnóstico de una niña con resultado positivo para abuso sexual intrafamiliar. Cite a su mamá y junto con la niña de 5 años les explicamos lo que la nena había  padecido. La madre se horrorizó, porque no esperaba que el perpetrador, fuese un familiar directo, pero si sospechaba de un abuso.

Me dijo ‘no  lo puedo denunciar, le arruino la vida’ y agregó  ‘a mí me paso también y sigo viva, estoy bien’”.

Los secretos familiares muchas veces tienen que ver con complicidades por sumisión. “Arruinarle la vida” al pedófilo deja por fuera la vida arruinada de la niña, su hija. Otras veces el pacto es totalmente inconsciente, esta mamá hasta esa consulta no recordaba su propio abuso y no había denunciado nunca a su verdugo, su propio padre.

Otras veces el pacto es por temor, a perder un lugar en la familia, hasta el espacio físico donde vivir junto a los hijos e hijas, o su alimento. El mandato patriarcal obliga a hombres y mujeres a callar, a disimular, la conocida “la ropa  sucia se lava en casa” no es solo un refrán es una frase tallada a fuego en el cuerpo social, puntualiza.

“Los pactos de silencio han colaborado para la continuidad de las conductas abusivas en la misma persona y en las siguientes generaciones. Esto desde la historia de abuso sexual. Desde el daño psico-emocional y físico en el o la abusada a trastornos irreversibles o de difícil reparación” agrega Lambert.

¿Qué cambió en las jóvenes para animarse a denunciar, a contar en el espacio posible sobre los abusos padecidos? ¿Solo la bronca las motoriza?

R.S – Las nuevas generaciones educadas y contenidas con más posibilidades de conocimiento de los derechos y con educación menos represiva pueden expresar más tempranamente las situaciones abusivas. Esto genera más tiempo para reparar daños y un actuar de la justicia como gran colaborador de lo terapéutico. La bronca puede ayudar, pero se necesitan otras condiciones más importantes como lo es contención del miedo, de la culpa y la garantía de la protección y acompañamiento a partir de la revelación o la denuncia.

Hay cambios muy notorios en jóvenes y adolescentes en los últimos años. Sin olvidar que falta mucho para que esos cambios lleguen a todas y todos .La posibilidad de comunicarse entre pares a través de las redes así como también con organismos de protección y o familiares lejanos. Una sexualidad más igualitaria entre varones y mujeres. Modificaciones en la currícula escolar aunque aun sea imperfecta y tenue.

S.A – En la clínica, presencio  más frecuentemente “confesiones”  de haber padecido abusos sexuales. Esta situación antes se sospechaba primero, la mayoría de las veces por signos, síntomas y trastornos. Ahora es más habitual que la /el paciente relate la experiencia traumática. Creo que la información ayuda a visibilizar y a permitir que las personas hablen acerca de los que le pasa y se sientan menos culpables, a diferencia de otras épocas.

También es más frecuentes escuchar varones relatando el abuso sexual o situaciones abusivas (de 10 pacientes, 2 varones fueron víctimas de abuso o situaciones abusivas). De 10 pacientes, 8 mujeres fueron víctimas de abuso o situaciones abusivas.

Situaciones abusivas: Presenciar relaciones sexuales de adultos, por dormir en el mismo espacio, ver material pornográfico de los adultos de la casa, etc.

Consecuencias en la vida adulta de mujeres abusadas en la infancia

En cuanto a las consecuencias, las dos profesionales son categóricas. “Las consecuencias en la vida adulta se asocian a lo mencionado anteriormente. Afectando vida social familiar con una psiquis muy alerta ansiosa. Dificultad en la adaptación de las emociones con frecuentes y variadas somatizaciones corporales. Todo ello dependiendo de la antigüedad de la revelación y posterior tratamiento adecuado” expresa Rosita Lambert

Sonia Almada puntualiza y afirma que “los problemas más habituales son las alteraciones en la esfera sexual -disfunciones sexuales y menor capacidad de disfrute, especialmente-, la depresión y el trastorno de estrés postraumático, así como un control inadecuado de la ira; en el caso de los varones, volcada al exterior en forma de violencia; en el de las mujeres, canalizada en forma de conductas autodestructivas. Lo que predice una peor evolución a largo plazo es la presencia de sucesos traumáticos diversos, la frecuencia y la duración de los abusos, la posible existencia de una violación y la vinculación familiar con el agresor, así como las consecuencias negativas derivadas de la revelación del abuso; por ejemplo, romperse la familia, poner en duda el testimonio del menor, agresiones y revictimización.

Existe un alto porcentaje de ideación suicida y suicidio en los pocos estudios existentes hasta el momento que pueden verse repetidamente en la clínica. Trastornos del sueño, de la alimentación, problemas de vinculación, adicciones, y problemas psicosomáticos.”

Experiencia terapéutica con mujeres abusadas sexualmente en la infancia

La experiencia terapéutica de las dos profesionales nos marcan el camino a seguir, teniendo en cuenta que “el abuso sexual no solo se debe cuantificar sino calificar por el enfoque dado al mismo con una capacitación y supervisión adecuada a la problemática”, tal como lo explica Rosita Lambert.

Por otra parte, Almada alerta  “desde mi experiencia clínica,  que data de 1992, con mujeres víctimas de abuso sexual en la infancia, me permite aseverar que es uno  de los flagelos que mas daña la mente y cuerpo de las niñas. Las consecuencias son muy duraderas y el trabajo me gusta pensarlo como ‘semilla de lino’ es muy chiquito y se  debe hacer muy de a poco para retirar las esquirlas  del tiro en la cabeza’  como lo  denominó Irene Intebi  en “Abuso Sexual infantil, en las mejores familias” (Editorial GRANICA).

Las víctimas de abuso sexual son personas muy sensibles que deben ser alojadas y tratadas muy suavemente. Lo primero que uno se encuentra es un silencio abrumador, una oscuridad aterradora. Deben guardar el secreto, así se los enseño el pederasta. Sienten vergüenza por lo acontecido. La mayoría llega con la certeza que tiene responsabilidad y culpa sobre el hecho.
El primer trabajo es des-responzabilizarla del ‘crimen cometido’. Lleva realmente muchísimo tiempo recuperar a una persona de este trauma y siempre es con consecuencias”.

-Fuente: http://diariofemenino.com.ar/v2/

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