El niño no puede comprender el abuso, lo excede totalmente

Entrevista a Susana Toporosi, psicoanalista de niños y adolescentes, autora de “En carne viva. Abuso sexual infantojuvenil” (Ed. Topía, 2018)

Susana ToporosiMario HernándezAlejandro Vainer

M.H.: Susana Toporosi, escritora del libro “En carne viva. Abuso sexual infantojuvenil”. Con un prólogo de Juan Carlos Volnovich, cito: “[…] Supo enfrentar el horror de una de las prácticas más aberrantes de la condición humana para, finalmente, construir este edificio conceptual ‘en carne viva’ que, de aquí en más, ha de convertirse en referencia obligada para quienes aborden el tema”. Viniendo de Juan Carlos, un prólogo tan elogioso, me imagino la importancia de este libro. Hablando con Alejandro Vainer, le comentaba que no me habían acercado el libro, pero después me di cuenta que es preferible que la entrevista te la haga él porque lo leyó dos veces. Te voy a dejar con Alejandro Vainer con quien compartís el Consejo de Redacción de la revista Topía.

A.V.: Voy a hacer preguntas para dar algunas brújulas del libro. Hay frases que me llamaron la atención, porque homologás que en el trabajo de muchos años de experiencia que tenés, con la forma de diagnosticar, ponés al mismo nivel al hallazgo diagnóstico que al hallazgo físico después de un episodio de violación. ¿Podés contarnos un poco de esto? ¿Cómo llegaste? Porque es bastante fuerte como afirmación.

S.T.: En principio dejame decirles que el hallazgo físico, durante muchos años era casi excluyente, si no había una marca física que diera cuenta de la presencia de algo de sexualidad adulta en el cuerpo del niño, no servía como demostración de abuso. En realidad lo que traté de desarrollar y mostrar en el libro es que cuando un niño vive una situación que le resulta traumática (y esto no es solo para abuso sino para otras situaciones), siendo el abuso donde más se ve, traumático significa totalmente excesivo, que él no tiene herramientas para metabolizarlo, es como si le estallara una bomba en su cabeza con esto que le hacen en el cuerpo. Porque cada cosa que le va pasando, se supone que tiene que ir teniendo herramientas en su cabeza para ir incorporándolo y entendiéndolo.

El abuso no lo puede comprender, lo excede totalmente, entre otras cosas porque es la sexualidad de un adulto que el chico no puede conocer porque todavía no pasó por la edad en que pudiera comprender qué es la sexualidad adulta. Esa bomba que le estalla en la cabeza tiene efectos.

¿Cuáles son estos efectos? El chico no va a poder jugar, dibujar, contar con un relato eso vivido, sino que generalmente lo que le pasa es que se le interrumpe esa posibilidad de jugar, dibujar y contar y lo que aparece son como pedacitos de eso que estalló que quedaron intactos, pedacitos de algo que vivió en ese momento del abuso, que quedaron intactos y que aparecen después de un tiempo, por ejemplo, jugando a otras cosas.

El chico puede jugar, pero en relación a lo que le pasó no hay posibilidad de juego, de transformación, de hablar de eso, contarlo, sino que habitualmente es como si esa bomba que estalló tiene los pedacitos de metal incluidos ahora en esta nueva escena donde está jugando a otra cosa o dibujando; de repente se interrumpe el juego y aparece algo que no es juego. Eso lo podemos reconocer los terapeutas de un niño, porque no todo hacer de un niño es jugar. Por ejemplo, un chico está jugando en una casita en un consultorio, con los muñecos y de repente toma una muñeca y comienza a succionar los genitales de la muñeca. Ese momento es una interrupción del juego y aparece un pedazo intacto, como si fuera la esquirla de la bomba, de algo que él vivió y que le resultó traumático.

La posibilidad de que el terapeuta dentro del consultorio pueda reconocer esos elementos da la posibilidad de mostrar cómo esa sexualidad adulta actuó disruptivamente en su cabeza. Es como mostrar una parte de la escena traumática, que permite dar elementos en un informe a un juez de que ahí hubo un traumatismo.

M.H.: Este es un tema que está muy presente por el caso de los jóvenes futbolistas del Club Independiente, justamente hoy salió un reportaje en Clarín a Marta Dávila, una psicoanalista que armó la pensión de Independiente y cuando el periodista le pregunta cómo se reconoce un chico abusado, a diferencia de esto que estás diciendo y entendiendo que en este caso se trata de adolescentes, ella dice que se reconoce enseguida porque lloran, se ruborizan, tienen otra expresión cuando se les pregunta qué pasó. Además agrega que “el chico abusado tiene que ser contenido y tratado de una manera especial”. En eso parecería haber coincidencia, pero te pregunto, ¿por qué esta diferencia en cuanto al reconocimiento?

S.T.: De mi experiencia clínica de muchos años, pienso que posiblemente lo que quiere señalar es que hay formas de reconocerlo porque el problema es que en general son muy pocos los adolescentes que vienen a consultar porque fueron abusados, esa es la realidad en el hospital. Es muy baja la proporción de adolescentes que se presentan a la consulta manifestando haber sido abusados. La mayoría de los casos son hallazgos que tiene que hacer el profesional. Ya sea el medico clínico que lo atiende, el pediatra o el psicólogo. Porque a veces eso está tapado porque el chico no se anima a contarlo, porque él mismo no lo quiere recordar y muchas veces está inclusive encapsulado en su propio aparato psíquico, como si hubiera sido apartado como un mecanismo para poder seguir viviendo con eso tan terrible que le pasó.

Entonces, la llegada a descubrir que un adolescente fue abusado, muchas veces no es por el relato, sino por la ausencia del mismo, o porque de golpe aparece una irrupción en llanto, porque va al consultorio del pediatra y no se quiere desvestir, porque no se deja revisar los genitales, porque cuando el pediatra le pregunta, como lo hace habitualmente, sobre relaciones sexuales, responde que no quiere tener nunca relaciones sexuales. Entonces, el poder detectar las situaciones de abuso en la adolescencia implica poder conocer toda esta trama subterránea que no aparece claramente en la consulta.

M.H.: Nosotros tratamos un caso, del que hicimos un seguimiento, vinculado a una colega, una docente con la que damos clase en un bachillerato popular. Ella descubre el abuso por parte del padre de su niña de 3 años, porque en un momento la niña de pide “haceme como me hace papá”. En este caso, la que detecta la situación es la madre. Porque también hay madres que niegan estas cosas.

S.T.: Lo importante ahí fue que hubo un adulto que logró darle un sentido a lo que dijo la nena que le hizo prender una alarma. Eso es lo que también tenemos los profesionales que trabajamos en este campo, un montón de elementos para entender dónde tenemos que encender alarmas.

Con respecto a las madres te puedo decir varias cosas, nos hemos encontrado con madres cómplices, pero también hay muchas madres que no detectan estas situaciones, o porque están muy desconectadas, deprimidas, o en muchos casos también hemos visto madres que han sido abusadas en su infancia y que para no recordar su propio abuso, ellas también han implementado ciertos mecanismos de defensa que son extremos, como el de encapsular la experiencia traumática y tenerla apartada. No pueden recordar nada que tenga que ver con eso y además no pueden reconocer o ver alguna situación actual que pudiera tener que ver con eso que ellas mismas encapsularon, para no sacar a la vista ese recuerdo.

Entonces, es muy complejo el tema, porque hay muchos casos. En nuestra generación actual el abuso se habla, se llega a contar, se llega a decir, pero en la generación de los padres de los adolescentes actuales, de los padres o de los abuelos, esto no se hablaba, se mantenía tapado durante toda la vida, porque había una sociedad que no le iba a creer jamás a un chico, ni a una mujer, ni a una chica, entonces los relatos se guardaban porque a las personas les daba vergüenza contarlo porque encima eran culpabilizadas. Entonces hoy tenemos muchas madres que han vivido esto y que no pueden detectar y no pueden cuidar a sus hijos/as de esto, se repite la situación de abuso justamente porque ellas vivieron algo así que fue guardado, encerrado bajo muchos candados dentro de su aparato psíquico.

En nuestra justicia tenemos un sesgo todavía fuertemente patriarcal

A.V.: Todo esto tiene implicaciones de relación con la justicia, porque no es solamente la detección sino que tiene que ver con una operación de todo el aparato judicial. ¿Cuál es la relación con la justicia una vez que se descubre y se puede afirmar fehacientemente que hubo un abuso?

S.T.: Por un lado en nuestra justicia tenemos un sesgo todavía fuertemente patriarcal que hace que muchas veces no se le dé valor, por más que estén los elementos en un informe, por ejemplo, lo que pueden informar los profesionales que están tratando a los chicos. Muchas veces puede suceder, o que los niños no sean escuchados, que no se les dé valor a su palabra, o si el niño no relató en la Cámara Gesell con palabras el abuso vivido por parte, por ejemplo, de su papá y los hechos traumáticos, muchas veces se considera que no sirve como prueba. Lo que les contaba antes, tiene que ver con que muchas veces un niño no puede ser el testigo que pueda relatar con la distancia suficiente que necesita un relato.

A.V.: O sea que le piden a un niño que relate como un adulto frente a la justicia. Aclará qué es la cámara Gesell.

S.T.: Es un dispositivo que se usa para tomar la declaración de un niño. Es un adelanto que exista esto en Argentina, porque en muchos países los llevan a declarar directamente al juicio. Se toma una declaración en condiciones particulares, cuidadas, pero sobre eso hay mucho que avanzar, porque la idea que pesa es que la declaración de un niño tiene que parecerse al relato de un adulto. Todavía no está la posibilidad de pensar que los niños tienen otros medios para manifestarse y que tal vez no pueden contarlo con palabras. Esto es a veces un obstáculo para que se demuestre el abuso cuando realmente sucedió y es absuelto el abusador en el terreno penal.

M.H.: Esto fue lo que pasó con el papá de la hija de Natalia. En primera instancia, porque luego se hizo una movilización, se fue al Juzgado, se hizo una radio abierta y allí el Juez revirtió la medida y reabrió la causa. Pero fue producto de una situación de movilización que expuso al Juez.

A.V.: O sea, a los chicos se los trata como a un adulto que tiene que relatar cómo le robaron en el colectivo. No contemplando que el chico tiene una subjetividad en formación y que ese hecho es como vos relatabas antes, una bomba que le estalló.

S.T.: Exacto. Cómo un niño va a poder contar en primera persona, con la distancia necesaria que se requiere para un relato, objetivando los hechos, cómo la persona, que generalmente es el padre, que lo tenía que cuidar y proteger, a quien además muchas veces le tiene miedo porque suelen haber amenazas, cuente los hechos vividos. Es muy difícil que eso suceda. Por eso muchos abusadores quedan absueltos en el juicio penal, porque no están las pruebas de acuerdo a lo que nuestra justicia considera. Nada es homogéneo, hay jueces y juezas que trabajan de una manera muy interesante.

A.V.: Un juez será uno de los presentadores de tu libro el próximo sábado.

S.T.: Carlos Rozanski, exactamente. Por eso lo invité, tiene una modalidad de entender la subjetividad de un niño, de un adolescente y de una madre que permite pensar un montón de cosas que muchas veces no se piensan. Esa justicia, que yo llamaría patriarcal, que se extiende a psicólogos y docentes, es como si esperara que el niño “suba” al terreno del adulto. Espera desde ahí arriba que el niño se eleve y hable en los términos en los que el juez va a poder entender y no al revés, que los adultos traten de acomodarse a lo que un niño pequeño puede, para entender su subjetividad y en el lenguaje en el que puede expresarse un chico.

M.H.: ¿Quién más te acompaña el sábado en la presentación del libro?

S.T.: Carlos Rozanski, Jorge Volnovich y Adriana Franco.

M.H.: Esto será el sábado 7 de abril a las 16.30 en The Cavern Club, en Av. Corrientes 1660 al fondo, subiendo las escaleras. Entrada libre y gratuita. El libro está muy bien distribuido con muy buena exposición en los kioscos. “En carne viva. Abuso sexual infantojuvenil” escrito por Susana Toporosi. Mucho éxito en la presentación.

Fuente: https://www.topia.com.ar

4 cuentos infantiles para prevenir y detectar a tiempo el abuso sexual

Para evitar este daño irreparable es necesario educar a los niños a temprana edad sobre cómo reconocer un abuso sexual. Así, logramos empoderarlos y de paso, debilitamos a los abusadores. ¿Cómo hablar este tema tan difícil con los niños? Leyéndoles cuentos.

Las estadísticas son alarmantes. La Organización Mundial de la Salud (OMS) dice que 1 de cada 5 niños son víctimas de violencia sexual, incluido el abuso sexual, y que esto afecta a niños de todas las edades, razas, clases sociales y religiones. Generalmente se da en entornos cercanos y de confianza, es decir, con tíos, abuelos, primos mayores, profesores, sacerdotes, vecinos o amigos de los padres.

Sabemos que como padres no es fácil abordar este tema con nuestros hijos cuando son muy pequeños, porque tenemos miedo a sexualizarlos a muy temprana edad, a pervertir su infancia, a inculcarles la desconfianza en los mayores, y, en resumen, a presentarles la idea de que el peligro puede estar cerca, cuando lo único que queremos es proteger su inocencia e infancia, criándolos en base a la confianza, el amor y la seguridad.

Pero, aunque suene cliché, la frase “más vale prevenir que lamentar”, en este caso es la gran clave. ¿Por qué? Porque los abusos pueden cometerse a cualquier edad, y porque, si los niños no saben de antemano qué es lo que está permitido que otras personas hagan con su cuerpo, jamás lo verán como un acto abusivo, y será mucho más fácil que el abusador los someta por períodos prolongados a esta violencia tan dañina.

En cambio, un niño que sabe qué es lo que es normal y qué no, estará más alerta y ante un eventual abuso, lo reconocerá rápidamente y podrá negarse, incomodarse o molestarse frente a este hecho, y comunicarlo a sus seres de confianza a tiempo, o al menos impedir que el abusador cometa el abuso. La mayoría de los abusadores actúa en base a la confianza que tiene con el niño, aprovechándose de su inocencia e ignorancia frente al tema.

¿Cómo tratar directamente estos temas tan complicados, sin ser tan explícitos? ¿Cómo llegar a la sensibilidad de nuestros hijos y hacerlos entender qué está bien y qué mal respecto a sus cuerpos, sin violentarlos con el lenguaje? ¿Cómo lograr que interioricen el tema del abuso y que sepan que es tan malo como el maltrato físico o sicológico?

Una buena forma de hacerlo es a través de cuentos infantiles creados por psicólogas especialistas, que enseñan el tema mediante un lenguaje directo y sencillo, acompañado de lindas ilustraciones que potencian el contenido y captan rápidamente la atención de los menores. Aquí les dejamos algunas recomendaciones para diferentes edades.

1. Kiko y la Mano: para niños pequeños

Este cuento infantil español se ha convertido ya en un clásico, y es material pedagógico para muchos jardines infantiles y escuelas públicas de Europa. Cuenta con una serie de materiales, llamados La Regla del Kiko, que incluye una guía, un cuento, un video y carteles, elaborados por el Consejo de Europa, para ayudar a los padres y educadores a explicar a los niños dónde otras personas no pueden tocarles, cómo reaccionar y a quién dirigirse para pedir ayuda.

Kiko, entonces, es un personaje que llega para combatir la violencia sexual contra los niños con una regla importantísima basada en tres ideas fundamentales: su cuerpo le pertenece sólo a él, existen secretos buenos y malos, y formas de tocar buenas y malas.

Los personajes son dos: Kiko y una mano, y la historia se basa en los tipos de contactos que van teniendo ambos, evidenciando así los que están permitidos y los que no, de forma clara y directa.

Aquí pueden leer el cuento, y le dejamos también el video.

2. Ojos Verdes: para niños entre 6 y 12 años

Este libro de la psicóloga española Luisa Fernanda Yágüez, cuenta la historia sobre un niño y su vecino adulto, y la relación secreta que mantienen.

Todo empieza cuando Alex, el niño, va en búsqueda de su pelota perdida y llega a una gran casa con un jardín maravilloso y se encuentra con Max, el entrenador de básquetbol del colegio, que resulta ser su vecino. Max le ofrece enseñarle a jardinear, siempre y cuando fuese un secreto. Y, al ser un conocido, Alex no ve el riesgo en esto y se somete a esta relación que termina en abuso. Por ende, el libro enseña que no se puede mantener secretos con adultos, aunque sean personas conocidas.

Aquí les dejamos el link del cuento.

3. ¡Estela grita muy fuerte!: a partir de 6 años

Este libro busca entregar a los niños una herramienta para enseñarles a hacerse respetar, para prevenir así tanto el maltrato como el abuso infantil. “Una excusa para que niños y niñas, y mayores, entablen un diálogo sobre el derecho de cualquier persona a decir no ante situaciones que nos disgustan o hacen daño”, señala Isabel Olid, autora del cuento.

Además, Olid, junto a la Asociación de Red de Ayuda a Niños Abusados, en colaboración con la Editorial Fineo, elaboraron un Programa de prevención de maltrato y abuso sexual infantil para acompañar el mensaje del cuento, mediante herramientas didácticas que permite que los niños se reconozcan en situaciones de maltrato y abuso y sepan cómo reaccionar.

El libro muestra a la protagonista Estela, una niña pequeña, en dos escenarios diferentes que involucran maltrato o abuso con personas cercanas: el primero es sobre maltrato físico con su mejor amiga del colegio y el segundo sobre abuso sexual con un tío.

Les dejamos el link del cuento en PDF y también el video.

4. Cata y Benja: para todas las edades

El gobierno chileno, a través del Ministerio de Justicia, el año 2012 publicó tres libros como guía básica de prevención del abuso sexual infantil:

Cata, Benja y su Hada Madrina es el primer libro, destinado a niños menores de seis años, que enseña los límites de las demostraciones de cariño de una persona de confianza, representada por un hada madrina.

Cata, Benja y Pincho es el libro destinado a niños entre 6 y 12 años, y explica a través de un amigo, lo que significa directamente el abuso sexual, por qué es malo, y que nadie puede tocarlos de manera indebida, incluidas las personas de confianza como: tíos, primos, abuelos, vecinos, etc. Enseña que no deben existir secretos con adultos y que siempre deben contarle a sus padres aquello que les molesta.

Cata y Benja online es el último libro destinado a adolescentes y que explica los abusos que se pueden cometer a través de internet y cómo evitar exponerse de forma online ante desconocidos. La historia está basada en la conversación por el chat de Facebook entre dos amigos, quienes van exponiendo lo peligroso que es entablar relaciones con personas desconocidas a través de internet, explicándolo mediante lenguaje juvenil y casos puntuales que supuestamente le pasaron a otros amigos cercanos.

Aquí pueden leer los tres libros.

¿Cómo actuar ante un caso de abuso infantil?

El Centro de Asistencia a Víctimas de Agresiones Sexuales (CAVAS), pone a disposición pública una serie de actitudes adecuadas en el caso de enfrentarnos a un abuso infantil:

1. Creer al niño/a: con tipos de respuesta: “Gracias por confiar en mí Y contármelo, así puedo ayudarte a solucionarlo”.

2. Hacerle sentir orgulloso por haberlo contado: con tipos de respuesta: “Has sido muy valiente al contármelo y estoy muy orgulloso/a de ti”.

3. Decirle que no es culpable: con tipos de respuesta: “Tú no has hecho nada malo”, “No es culpa tuya”.

4. Asegurarle que no le ocurrirá nada malo: con tipos de respuesta: “Ahora que me lo has contado, puedes estar tranquilo porque esto no volverá a ocurrir”.

5. Decirle que saldrá adelante: con tipos de respuesta: “Aunque ahora estés un poco triste, todos te vamos a ayudar a que te sientas mejor”.

6. Expresarle afecto con tipos de respuesta: “Te quiero y estaré junto a ti siempre que me necesites”.

7. Mantener la calma: no hablar al niño nunca con demasiada carga emocional, trasmitiendo nuestro desasosiego y preocupación.

8. Asegurarse de que el menor no ha sufrido heridas, y en el caso de que las haya sufrido, acudir a un médico.

9. Proteger a la víctima: impedir que el abusador pueda volver a acceder al menor. Y el mejor método es la DENUNCIA.

En esta nota tratamos el tema de prevención, alertas y formas de acompañar a una víctima de abuso sexual infantil con mayor detalle. Esto gracias a la entrevista que le realizamos al filósofo José Andrés Murillo, víctima del ex párroco Fernando Karadima, y director de la Fundación Para La Confianza, la que se dedica a acompañar a víctimas, generar información relevante sobre abusos y su difusión y a entregar formación y capacitación especializada en abuso sexual infantil a instituciones que trabajan con niños.

¿Qué otros métodos de prevención ante el abuso sexual conoces tú?

-Fuente: https://www.eldefinido.cl

 

 

 

 

Proyecto antenas / Julia Borbolla

TED Talks.- En esta charla, Julia Borbolla, cuenta qué la inspiró para inventar una herramienta interactiva donde los dibujos animados sirven de terapia para niños víctimas de abuso. A la fecha, ha ayudado a más de 8 mil niños.

 

Negociar sexo por vida / Inés Hercovic

TED Talks. –En esta emotiva charla, Inés Hercovich comparte lo que aprendió durante su investigación y ofrece una visión del #AtaqueSexual que puede cambiar radicalmente la forma en que lo percibimos.

Las mujeres que no pueden denunciar los abusos sexuales de los que son víctimas

Muchas de estas mujeres huyeron de sus países para escapar del abuso sexual, solo para volver a enfrentar el mismo horror en Reino Unido como solicitantes de asilo.

El miedo a ser deportadas hace que no lo denuncien a la policía, pero un efecto que tuvieron las revelaciones sobre el productor de Hollywood Harvey Weinstein es que ahora han comenzado a hablar sobre sus experiencias entre ellas.

Con 37 años, Grace nunca ha tenido relaciones sexuales consentidas.

“No soy la única. Hay muchas más mujeres como yo”, dice, encorvada y mirando hacia la mesa. Ella apunta a la pared que separa la pequeña sala de reuniones de sus amigas en la habitación contigua.

“Somos las mujeres más vulnerables de Reino Unido”.

La exitosa terapia “extraterrestre” que logra que los niños verbalicen sus traumas

“Antenópolis” se llama el programa de la Fundación mexicana “Antenas por los Niños”, donde se utilizan los dibujos animados como terapia para que los niños víctimas de abuso logren verbalizar sus traumas para luego superarlos. A la fecha, el programa ha ayudado a más de 8 mil niños.

Lograr que un niño que ha sufrido un abuso reiterado por parte de un adulto (muchas veces sus propios padres, profesores o algún familiar) hable sobre su experiencia, es una tarea muy compleja y delicada que requiere de un trabajo enorme para lograr que se sienta en confianza para comenzar una terapia reparadora.

¿Por qué? Porque la confianza hacia el mundo adulto se rompe, porque los invade un miedo profundo de revelar la verdad de lo ocurrido, porque están amenazados por el abusador, e incluso, en muchos casos, porque no son conscientes del abuso del que han sido víctimas.

Puede pasar mucho tiempo antes de que el menor verbalice lo que le pasó, identifique bien a sus agresores, exprese lo que sintió, lo que siente hoy, etc. Y mientras más se retrasa este proceso, más se tarda también el inicio de la terapia para que se sane de este trauma.

¿Cómo lograr que entre en confianza, sin presiones? ¿Cómo hacer que se sienta seguro y dispuesto a trabajar en una terapia?

Julia Borbolla, reconocida psicóloga clínica mexicana fellow de Ashoka, lleva más de 30 años trabajando con niños y sus familias. El año 2005 desarrolló un innovador programa para llegar de una manera diferente a los niños vulnerados de entre 3 y 10 años (víctimas de abusos o sufrimiento físico y sicológico) y así prevenir, detectar y rehabilitar a los menores, tratando sus miedos y secretos más profundos.

Proyecto Antenas se llama su exitoso programa social, premiado a nivel internacional, que consiste en utilizar dibujos animados digitales que interactúan directamente, a tiempo real, con los niños a solas a través de un monitor, mientras los psicólogos se encuentran en otra pieza guiando el encuentro a través de un control remoto.

Los personajes interactivos son extraterrestres que no saben nada de la Tierra, por ende van haciéndoles pregunta sencillas a los niños para saber sobre su mundo, como: ¿qué es un papá?, ¿qué es una escuela?, ¿qué es un amigo?, ¿me convendría tener un hermano? Una vez que el niño va entrando en confianza, el marcianito (dirigido por la propia voz modificada de la psicóloga) empieza a ahondar en terrenos más complejoslogrando en 10 o 15 minutos lo que a un terapeuta le costaría aproximadamente cinco sesiones.

A la fecha, más de 8.000 niños mexicanos han sido beneficiados con este proyecto, que hoy, además de desarrollarse en clínicas y hospitales públicos a lo largo de México, se ha adaptado también a fiscalías de delitos sexuales y asuntos familiares, a la Suprema Corte de Justicia, a la Procuradería del Menor y la Familia, a los centros de Justicia, a la Secretaría de Gobernación y a Hogares de Niños (cada uno con un personaje diferente).

En El Definido conversamos con Julia para que nos contara la forma de trabajar que tiene su equipo de psicólogos y el impacto que genera esta didáctica terapia en los niños, niñas y adolescentes mexicanos.

El nacimiento de Antenas y su propósito

Julia nos cuenta que Antenas era un simple dibujo que le pidió a su hijo para una campaña escolar para reforzar la atención de los niños. Con él, la psicóloga decidió crear una historia sobre un extraterrestre llamado Antenas que había aterrizado en el sótano de la escuela y que salía por las noches a ver los cuadernos de los niños para ver si habían prestado atención en clases.

Los profesores iban dejándoles mensajes positivos a los niños en sus escritorios, firmados por Antenas. De a poco todo el personal del colegio y las materias eran intervenidas con mensajes de este personaje, hasta que los niños empezaron a exigir conocerlo en persona. Pero para no romper su fantasía, el mensaje a los niños fue el siguiente: Antenas es un marcianito al que le afectan los rayos solares, además de temerle un poco a los adultos, ya que sólo le gustan los niños y niñas de la Tierra.

El año 2003 Julia decidió transformar a Antenas en un personaje animado para instalarlo en su consulta privada, e incitada por su hija Julia Niño de Rivera (también psicóloga y hoy directora de la Fundación Antenas por los Niños A.C) decidió llevar al monitor a los hospitales para que el personaje conversara con los niños que estaban en tratamientos o previos a cirugías; y rápidamente se convirtió en un éxito.

Las verdades y secretos que los niños revelan en la terapia

La primera vez que Julia usó el programa, Antenas le preguntó a una niña de 5 años con quien vivía y ella respondió: con papá, mamá, hermano y una sirvienta. Antenas preguntó qué es una sirvienta y la niña le contestó: unas señoras que limpian y cuando los papás no las ven te pegan.

A partir de esa experiencia los niños empezaron a revelarle a Antenas situaciones de violencia, abusos sexuales e incluso delitos de los que han sido testigos. Pues al explicarle al personaje revelan sus propias experiencias, dada la confianza casi inmediata que logran, señalando por ejemplo: “los papás son señores que hacen llorar a las mamás”, “Los tíos son señores que juegan a juegos feos en los que te tienes que bajar los pantalones”.

El método que siguen se basa en el diálogo socrático, es decir en buscar la sabiduría propia del niño para explicarle el mundo a Antenas y después darle herramientas de resiliencia ante lo que esté viviendo. “Antenas es siempre positivo y sube al niño al status de maestro al pedirle que le explique. Es importante aclarar que no se trata de un engaño. Se le dice al paciente en todo momento que a Antenas lo mueve la cibernética, pero los niños y niñas del s. XXI no cuestionan esto, la tecnología es para ellos muy normal”, nos dice Julia.

¿Y por qué confían más en un dibujo animado que en un terapeuta? Antenas no se parece a nadie, no hay un prejuicio sobre él o ella, su ignorancia resulta muy atractiva para un niño o niña al que todos los adultos le dicen que hacer.

“Es asombroso ver cómo lo quieren y lo protegen, sobre todo cuando descubren que Antenas no tiene mamá. Muchos niños quieren ‘prestarle´ a su propia mamá o bien le meten en su buzón de correo monedas o dulces”.

Una herramienta previa a la terapia

Una vez recibida la información, los terapeutas manejan los temas con extremo cuidado, ya que uno de los principios de su trabajo es que no pueden revelar lo que saben sin el consentimiento del niño. Por eso Antenas debe pedirle permiso a los niños para compartir la información con un “adulto bueno”, que lo va a proteger y que va a cuidar a su familia. Por lo general, los niños lo permiten.

Así y gracias al éxito de esta herramienta que abre los canales de comunicación entre terapeutas y pacientes; las terapias posteriores logran ser mucho más efectivas, ya que se logra dar con el tema de fondo de forma más rápida y no invasiva.

¿Qué pasa si los niños denuncian abusos o delitos de terceros? Julia nos cuenta que precisamente por eso pusieron el programa a disposición de las autoridades, y hoy las procuradurías y centros de Justicia de México utilizan los personajes de Antenas para tomar la declaración de los niños de una manera más amigable y sin re-victimizarlos.

En México esta herramienta es cada vez más masiva y la idea de la Fundación es exportarla a otros países. Ya hay organizaciones de China, España, Estados Unidos y Sudáfrica que se han acercado para conocer la iniciativa.

Les dejamos esta charla TED donde Julia expone sobre su proyecto Antenas en México.

-Fuente: https://www.eldefinido.cl

8 mitos sobre el abuso sexual infantil que debemos dejar de creer

Hay niños de los cuales ni siquiera sospechamos que han sufrido abusos. Hay contextos e historias que jamás imaginaríamos. En Chile, 7 de cada 10 abusos sexuales son contra menores de 14 años según la Fiscalía Nacional.

Desde el 2012 a la fecha, son más de 81 mil las denuncias por este delito que han ingresado al Ministerio Público (un tercio de ellas en la Región Metropolitana). De todas esas, 56 mil corresponden a víctimas menores de 14 años. ¿Lo más triste?

Según la prefecto Claudia Domínguez, jefa de la Brigada de Delitos Sexuales y Menores de la PDI, en la mayoría de los casos habrían sido víctimas de abuso por algún integrante de su propia familia o alguien cercano.

La Fundación Para La Confianza, cuya misión consiste en la lucha contra el abuso sexual infantil, lanzó la campaña #RompiendoMitosdelAbuso para derribar los mitos y prejuicios que rodean este delito y que, según ellos, fueron construidos desde “la ignorancia, la desconfianza y el silencio”.

A través de una campaña viral en las redes sociales, la fundación que dirige José Andrés Murillo y que a la fecha ha apoyado con acompañamiento a más de 2000 víctimas de abuso en Chile; presenta mitos que están muy arraigados, que desinforman, llenan de prejuicios y entorpecen la prevención.

Estos fueron identificados y rebatidos en base a estadísticas nacionales e internacionales, literatura de psicología y a la experiencia de estos siete años de la propia fundación.

Para proteger a nuestros niños y disminuir las instancias que vuelven más vulnerables a los menores frente a posibles agresores; debemos erradicarlos de nuestra sociedad de forma urgente. ¡Los invitamos a leer y compartir!

Mito 1: El abuso sexual solo ocurre en familias de contextos pobres o vulnerables

¡FALSO! El abuso sexual es transversal a todas las clases sociales. No hay razas, grupos étnicos, religiosos, ni clases sociales inmunes al fenómeno. Las manifestaciones pueden variar según contexto socioeconómico o cultural, pero ocurre indistintamente.

Lo que pasa es que los abusos ocurridos en contextos de menores ingresos pueden llegar a ser más visibles, ya que están más expuestos al control de los sistemas institucionales.

Mito 2: Los abusadores sexuales infantiles son sólo hombres

Falso, falso, falso. Las estadísticas señalan que un 75% son hombres, pero que el otro 25% corresponde a mujeres agresoras sexuales.

Mito 3: Los hombres no pueden ser abusados

¡Falso! Según encuestas de prevalencia de abuso sexual del Ministerio del Interior del año 2013, el 25% de las denuncias corresponde a víctimas varones.

Mito 4: Los niños, niñas o adolescentes no abusan sexualmente

Esto es falso. Muchos niños son abusados por otros niños; comúnmente por niños mayores, amigos, hermanos o familiares cercanos.

Es imprescindible que reconozcamos este problema y no se silencie en la familia. No para sindicar a los niños como agresores, sino que para reparar en las causas del porqué este niño transgrede y ayudar a que el transgresor pueda transitar de la culpa a la responsabilidad, reconociendo el daño, para reparar las consecuencias y controlar la conducta.

Este es un tema especialmente difícil de manejar, porque es muy difícil pensar que niños pueden transgredir corporalmente a otros y porque no es fácil diferenciar la curiosidad sexual natural, de un comportamiento abusivo.

Niños, especialmente los más pequeños, pueden participar en este tipo de comportamiento sin saber que es malo o abusivo.

Mito 5: Los niños que han sido abusados sexualmente serán homosexuales o tendrán problemas de identidad sexual

¡Falso! La traumatización de la sexualidad no es igual a problemas de identidad sexual.
No existen estudios que correlacionen la existencia de agresión sexual con la orientación sexual de las personas.

Muchas personas que fueron víctimas y que además son homosexuales, relatan que su orientación sexual fue utilizada por el agresor para manipularlas o silenciarlas; creándoles, además del sufrimiento por la agresión, vergüenza, culpabilidad y silencio. Esta creencia ha generado prejuicios inaceptables hacia personas de orientación sexual diversa, provocándoles mucho daño.

6. Las víctimas de abuso sexual son potenciales abusadores de niños (sobre todo los hombres)

¡FALSO! No todos los agresores sexuales fueron personas agredidas sexualmente. Muchos de ellos fueron víctimas de maltrato físico o negligencia.

7. Los homosexuales, lesbianas o transexuales son más propensas a abusar sexualmente de los niños, niñas y adolescentes que los heterosexuales

Mentira. La gran mayoría de adultos que abusan sexualmente de niños se identifican como heterosexuales y tienen o han tenido parejas heterosexuales.

8. Las consecuencias del abuso infantil no son importantes, los niños pequeños lo olvidan todo

FALSO. La memoria tiene múltiples niveles y expresiones, no siempre racionales o conscientes. Existen inúmeras consecuencias asociadas al ámbito físico, psicológico y social; así como también a nivel corporal e inconsciente. Daño que en la mayoría de los casos se perpetúa gracias al silencio y la imposibilidad de elaborar estas vivencias.

Sí, hay más mitos que combatir

Además de los mitos que identifica Para La Confianza, hay otros mitos que presenta la fundación española RANA (Red de Niños Abusados) que trabaja en la prevención, sensibilización y educación sobre el abuso sexual infantil:

– En la actualidad se producen más abusos que antes: FALSO. Ahora se conocen mejor, porque antes no se estudiaban ni se denunciaban.

– Si le ocurriera a un niño de nuestro entorno, nos daríamos cuenta. FALSO. Sólo el 2% de los casos de abusos sexual dentro de la familia, se conocen al tiempo que ocurren.

– Los abusos sexuales van acompañados de violencia física. FALSO. Sólo un 10% de los casos vienen asociados a violencia física.

– Los niños y niñas no siempre dicen la verdad. FALSO. Pocas veces inventan historias que tengan relación con haber sido abusados sexualmente. Sólo el 7% de las declaraciones resultan ser falsas.

– Los niños y niñas pueden evitar los abusos y decir “no”. FALSO. Los menores pueden aprender a evitarlos, pero generalmente, cuando les sucede, les engañan o amenazan y se sienten confundidos, por lo que no saben cómo reaccionar adecuadamente.

Consejos de la Unicef para prevenir los abusos sexuales

La Unicef de Argentina publicó un documento con información relevante que define lo que es un abuso sexual, incluye mitos, información relevante respecto a cómo tratar el tema y finalmente entrega ocho consejos para que los padres y/o educadores tratemos el tema con los niños desde la primera infancia, con el fin de evitar posibles abusos o al menos identificarlos a tiempo.

1. Enseñe a los niños y las niñas los nombres de las partes privadas del cuerpo.

2. Enfatice que el agresor sexual puede ser tanto un familiar, como una persona conocida o desconocida.

3. Hágales saber que tienen el derecho de decidir acerca de su propio cuerpo.

4. Bríndeles seguridad en sí mismos. Anímelos a decir ¡NO! cuando no deseen ser tocados, aún en formas que no sean sexuales (rehusando cortésmente abrazos, por ejemplo).

5. Deje en claro que desde los 3 años de edad ya no necesitan ayuda de otros, adultos o adolescentes, para ocuparse de sus partes íntimas. Promueva la autonomía del niño para ir al baño, vestirse y bañarse.

6. Enseñe a niños, niñas y adolescentes a cuidar sus propias partes íntimas para que no tengan que depender de otros.

7. Enseñe la diferencia entre los buenos secretos (una fiesta sorpresa) y los malos secretos. ¿Qué es un mal secreto? Aquel que se supone que los niños deben guardar por siempre y esconde acciones que no están bien.

8. ¡Confíe en sus instintos! Si no se siente cómodo a la hora de dejar a un niño con alguien, no lo haga. Y si tiene preocupaciones acerca de un posible abuso sexual, adopte una actitud de escucha compresiva y haga las preguntas adecuadas.

¿Qué otros mitos crees que son necesarios derribar? ¿Qué otros consejos agregarías?

-Fuente: http://www.eldefinido.cl

Los pedófilos que no quieren abusar de los niños

Algunos pedófilos dicen que nunca abusarían de niños. Pero ¿existe algún tipo de apoyo psicológico para estas personas que aún no han cometido ningún crimen? ¿Cómo debería tratarlos la sociedad para prevenir que se cometan abusos?

La periodista Catherine Burns, del programa de televisión de la BBC Victoria Derbyshire, habló con uno de ellos.

Este artículo sobre lo que averiguó incluye detalles que pueden resultar perturbadores, debido a la propia naturaleza del tema.


Adam me mandó un mensaje unos días antes de reunirnos por primera vez.

Ya te diré qué llevo puesto para que me reconozcas. Aunque seré el tipo raro :jaja“.

Tiene veintipocos años, pero podría pasar por más joven. Menudo, de pelo oscuro, piel clara y voz suave. No tiene un aspecto “raro” en absoluto.

Se describe como “normal” y cuenta que le gusta salir con amigos, viajar y jugar videojuegos. Pero guarda un secreto: es pedófilo.

Adam no es su verdadero nombre. No quería que reveláramos su identidad, aunque insiste en que nunca ha hecho nada ilegal.

El término pedófilo es utilizado hoy en día por el público y los medios de comunicación como un sinónimo de alguien que abusa sexualmente de menores.

Pero los académicos usan la palabra de otra manera.

Un trastorno mental

Según el manual DSM-5, de la American Psychiatric Association (APA), de referencia para los psiquiatras de todo el mundo, la pedofilia es un tipo de“trastorno parafílico”.

Lo consideran una forma de enfermedad mental en la que un adulto siente atracción sexual primaria hacia los niños prepubescentes.

Eso no significa que hayan abusado de niños y, de hecho, tanto psiquiatras como criminólogos creen que no todos los delincuentes que abusan de menores son pedófilos.

Algunos pueden estar motivados por un deseo de poder o control.

Las personas como Adam se refieren a sí mismas como pedófilas “anticontacto”. Así, reconocen su propia atracción por los niños pero entienden que abusar de ellos está mal.

Adam notó que era diferente del resto cuando tenía 13 años.

Sus amigos empezaron de repente a hablar de chicas y a él no le interesaban.

Pero no podía revelar la verdad: no pensaba en chicas sino en niños menores que él.

En ese momento la diferencia de edad no era tan grande, solo de unos años.

“A medida que crecía, la edad siguió siendo la misma y lo cierto es que incluso disminuyó”, dice.

“Pensé que era demasiado joven para ser pedófilo”

Adam pasó los siguientes años como cualquier otro adolescente, tratando de encajar en un grupo.

“Me sentí aislado, intenté esconderlo, ignorarlo, fingí que no me pasaba, que era normal, traté de concentrarme en mis estudios, en jugar al fútbol”, cuenta.

También fingió que le gustaba una niña de su clase. Como era muy tímido, a nadie le extrañaba que nunca saliera con una chica.

Pero en ese momento Adam no se reconocía a sí mismo como pedófilo.

“Pensé que era demasiado joven, que los pedófilos eran hombres adultos que miraban a los niños“, explica.

En parte era la verdad. La APA dice que solo se puede clasificar como pedófilos a los mayores de 16 años.

Además debe haber una diferencia de edad de más de cinco años entre el sujeto y los niños que los atraen.

“Es un trastorno mental reconocido y es algo que la gente no elige tener. Es una enfermedad como la de alguien que tiene depresión o síndrome de déficit de atención”, dice Derek Perkins, un especialista en psicología forense que ha creado programas de tratamiento para delincuentes sexuales.

Cuando Adam cumplió 17 años se dio cuenta de que su atracción por los niños no era algo que fuera a desaparecer.

“Me preocupaba mucho que pudiera acabar haciéndole daño a algún niño y acabar en prisión. Sería el fin de mi vida”, lamenta.

“Mi edad de atracción es de 1 a 15 años”

La gente como Adam empezó a crear foros en línea y grupos de chat en los que comentan su lucha.

Muchos detestan la palabra “pedófilo” por la manera en que se usa en los medios de comunicación como sinónimo de un “violador de menores” o un “abusador de menores”.

En su lugar, Adam se refiere a si mismo como un MAP, un acrónimo en inglés para minor-atracted person, es decir, una persona que se siente atraída por menores.

En la superficie, Adam parece una persona agradable. Es educado, aunque carece de confianza en sí mismo. Él mismo admite que es muy introvertido.

Le pregunté si alguna vez durante su pubertad estuvo tentado a actuar de acuerdo a su atracción sexual.

“Era demasiado tímido como para hacer algo, en cualquier caso, con cualquiera. Incluso si no fuera pedófilo”, dice.

Adam explica que se “enfada mucho” cuando ve en las noticias historias sobre abuso sexual de menores.

“Estoy haciendo esto (la entrevista) para que la gente deje de hacer eso”, explica.

Adam es firme en lo que quiere decir: que nunca ha abusado de ningún niño, ni en persona ni en internet.

Antes de terminar la pregunta ya me responde enfáticamente: “Nunca, nunca lo haría”.

No hay ni un atisbo de duda en su respuesta. Dice que se mataría antes de hacerle daño a un niño.

Sin embargo, cuando le pregunto por la naturaleza exacta de su atracción se pone incómodo. Se avergüenza, tartamudea y calla.

Admite que tiene “fijaciones” con los niños pequeños, pero dice que se esfuerza mucho para distraerse de esos pensamientos.

Mi edad de atracción es de 1 a 15 años. Pero cuanto más jóvenes son, más prominente es la atracción emocional (en lugar de la física)“, responde.

Adam piensa mucho en las palabras que utiliza, haciendo pausas antes de hablar.

“En realidad no pienso mucho en un niño de uno o dos años de una manera sexual. Lo quiero abrazar y quiero que sea feliz. Principalmente, eso es todo con los niños más pequeños”, señala.

Es difícil no inquietarse con estas palabras, y más con lo que no dice, sobre todo con matices como “no mucho” y “principalmente”.

Intenta aclararlo más: “Si eres un padre y tienes un niño de uno o dos años quieres abrazarlo, besarlo, asegurarte de que ha comido y de que se siente seguro y contento. Y ese es más o menos el mismo sentimiento, pero yo lo tengo con todos los niños. O con los varones”.

Pero le digo que la mayoría de la gente quiere que los niños estén seguros y contentos.

Tras una pequeña vacilación, responde que obviamente “hay una pequeña atracción”, pero dice que se queda ahogada por su respuesta emocional.

Entre un 1 y un 5% de los hombres

Hay cierto debate en torno a las cifras, pero se estima que entre un 1 y 5% de los hombres tienen algún tipo de interés sexual por los niños.

También existe una pequeña cantidad de mujeres que cometen delitos sexuales, pero se desconoce cuántas de ellas son pedófilas genuinas.

Aunque claramente sí hay mujeres que abusan de niños, una gran proporción de las mismas lo hacen en conjunto con un delincuente varón.

Algunos pedófilos se sienten únicamente atraídos por los niños. Otros también se sienten atraídos por los adultos y tienen relaciones “normales” con sus pares.

A Adam no le atraen los hombres ni las mujeres adultos. ¿Qué lo hizo ser así?

Durante mucho tiempo se pensó que los pedófilos habían sufrido abusos o pasado por algún evento traumático durante sus infancias.

Pero según el psicólogo clínico canadiense James Cantor, la pedofilia se debe a un “cruce de cables” en el cerebro.

Cantor cree que la clave está en la formación del cerebro durante las etapas tempranas de la gestación.

“Una bomba de tiempo”

A pesar de su determinación a evitar el contacto con los niños, hubo un período en la vida de Adam en el que su voluntad tembló.

A los 18 años Adam entró en contacto por internet con un grupo de pedófilos “procontacto”.

Le dijeron que “tener contacto sexual con niños estaba bien, que no era nada malo y que no le causaban daños al niño”.

Él quería creerles. Adam está claramente incómodo y nervioso al hablar sobre este período de su vida.

Le pregunto si alguna vez pensó que podría acabar abusando de un niño.

“Pensé que tal vez en algún momento de mi vida, quizás sí. No inmediatamente. Pero me di cuenta de que esto realmente daña a los niños y yo no quiero formar parte de eso”, revela.

Cuando le pregunté si había visto imágenes ilegales de niños en internet Adam me respondió que no, en parte porque no tenía “las destrezas técnicas” necesarias para evitar que lo pillaran.

En un mensaje posterior con más contexto Adam admitió que había querido “mirar por curiosidad”.

“Pero supongo que no seguí adelante ni busqué más las imágenes porque en el fondo sabía que estaba mal”, dice.

Otros pedófilos “anticontacto” a los que contacté, me dijeron que pasaron por fases similares durante las cuales pensaron que acabarían cometiendo delitos. Uno de ellos se describió a sí mismo como “una bomba de tiempo”.

Adam dice que él no escogió ser así: “Tuve mala suerte en la vida. Nunca he sido malo con nadie. ¿Por qué me ha pasado a mí esta cosa horrible?”.

Admite que tuvo pensamientos suicidas durante esa época, pero que ahora esos sentimientos son mucho más raros.

Adam dice que se alejó del grupo de pedófilos “procontacto” después de investigar más y asegura que nunca podría encontrar placer alguno mirando imágenes de niños.

Después decidió que nunca abusaría de un menor.

Falta de ayuda profesional

Algunos pedófilos que nunca han delinquido decidieron en algún punto de sus vidas pedir ayuda médica.

Pero a pesar de la confidencialidad entre el doctor y el paciente, tantos los doctores como otros profesionales tienen el deber de avisar a las autoridades si creen que un niño ha estado o podría estar en peligro.

Muchos expertos, como Dereck Perkins, creen que no hay una “cura mágica”para la pedofilia, pero que los tratamientos sí pueden ayudar.

El fin principal de esos tratamientos no es ayudar a los pedófilos a lidiar con su atracción por los menores sino reducir la posibilidad de que se cometan abusos sexuales de niños.

“Desde el punto de vista de la protección de menores, cuanta más ayuda podamos proveer y cuanto antes, mejor”, dijo.

Pero Tom Squire, director clínico de la Fundación Lucy Faithfull, una entidad que trabaja contra el abuso infantil, dice que no hay suficiente apoyo.

En Reino Unido existen organizaciones que pueden ayudar a las personas que no cometieron delitos sexuales, como la organización sin ánimo de lucro StopSO. Pero tratarse puede costar entre US$900 y US$1300 y en muchos casos al hacerlo los pacientes pierden el anonimato.

Aunque existe cierto consenso entre el gobierno, los expertos y las instituciones de ayuda de que tratar a los pedófilos podría servir para prevenir delitos sexuales contra menores, ninguno de los pedófilos a los que contacté ha recibido ningún tipo de ayuda profesional.

Parece que el mayor apoyo que reciben procede de otros pedófilos.

Adam valora el impacto que tienen los foros “anticontacto”, porque dice que refuerzan la idea de que actuar sobre la atracción está mal.

Pero también se lo contó a algunos amigos y recibió apoyo.

Decirle a su madre fue mucho más complicado.

Incredulidad

No lo planeó, pero un día ella lo encontró llorando. Le preguntó qué le pasaba, pero él le dijo que no podía hablar de eso.

Ella le preguntó si era porque le gustaban los hombres. Él dijo que no, así que volvió a preguntar.

—¿Te gustan las mujeres?

—No.

Finalmente, le preguntó a su hijo si le gustaban los niños.

—Sí.

Adam dice que ella sí le cree cuando le dice que nunca abusaría de un niño.

Sin embargo, no pudo ocultar su reacción cuando le contó que se sentía atraído por niños de hasta un año.

“Me parece que no me creyó… Ella… ella… mmm, ella decía ‘son demasiado pequeños“, cuenta.

“Me seguía preguntando si era cierto. Tenía la cara pálida, como de incrédula”, recuerda.

“Era horrible. No quería hacerla sentir mal y no quería ser un mal hijo. Me sentía tan disgustado conmigo mismo… Ella me hizo sentir así”, añade.

Cuando le pregunto por sus esperanzas de un futuro feliz, Adam dice tristemente: “No sé”.

Todavía es muy joven.

Le digo que puede que esté totalmente convencido de que nunca abusará de un niño, pero que la vida es larga.

Y el se muestra firme. “Nunca he lastimado a la gente de ninguna manera, ni a niños, ni adultos, ni a nadie. No creo que esté en mí hacer daño a nadie“, indica.

-Fuente: http://www.bbc.com

Dibujos para proteger a los más frágiles de los abusos sexuales

Un comic diseñado por los Mossos para detectar agresiones a discapacitados intelectuales destapa un caso en un ensayo.

 

Leyre (nombre falso) es una mujer de 29 años con discapacidad intelectual que solo ha sido capaz de comprender que sufrió abusos sexuales a través de unos dibujos de cómic. Ella los vio durante la prueba piloto que los Mossos d’Esquadra realizaron hace pocos meses. La sesión pretendía comprobar la efectividad de unas viñetas que habían diseñado -en colaboración con psicólogos- para lograr que las personas discapacitadas consiguieran denunciar agresiones sexuales.

Durante esta prueba piloto, el agente Carles Domingo, a través de seis viñetas, fue contando al grupo de Leyre, de una forma muy sencilla, en qué consistía un abuso sexual. En la primera imagen, se ve a una chica, María, la protagonista, metiéndose en la cama a la hora de dormir. Carles les preguntó: “¿María aquí está tranquila? ¿Está bien?”. En la siguiente viñeta, aparece una silueta negra con ojos rojos intimidantes. En la tercera, la silueta oscura se mete en la cama. En la cuarta, intenta tocarle el pecho a María. En la quinta imagen, María se echa a llorar. “¿Qué le pasa ahora a María? ¿Está triste?”, preguntó por último el policía al grupo. El experimento funcionó.

Las personas con discapacidad “conectan mucho más con imágenes que con palabras”, explica Joana Corominas, directora de centros de Catalonia Fundació Creactiva. “Se identificaron enseguida con María -la protagonista-, comprendieron por qué lloraba y algunas personas, como Leyre, fueron más allá y se reconocieron en su dolor. Ese día hubo más sorpresas. Porque otro de los asistentes acabó identificándose como un agresor. “Yo no sabía que lo que yo hacía podía hacer daño”, admitió avergonzado.

El mosso les fue insistiendo en algo que desconocían: tenían derecho “a decir que no” a la silueta negra. Como María, también ellos eran “dueñas de su cuerpo”. Las personas con discapacidad están “acostumbradas al rechazo” y sienten una necesidad enorme de “ser aceptadas”. Una carencia que multiplica su exposición a los abusos. “No saben decir que no”, razona Joana. Tras escuchar al policía, Leyre comenzó a repetir esa idea: “Soy dueña de mi cuerpo”. Leyre llevaba 5 años atendida por los psicólogos de su centro “y jamás había sido capaz de denunciar este abuso”. Desde que lo ha hecho, “lo hemos trabajado”, explica Joana, y los problemas de conducta de Leyre han remitido.

400 policías para prevenir los abusos

Los Mossos han formado a 400 agentes que visitarán centros catalanes especializados en discapacidad intelectual. Han preparado “ocho talleres distintos”, enumera el portavoz del cuerpo policial Albert Oliva. Se tratan los casos de abuso sexual, psicológicofísico económico. También los peligros de las redes sociales, el abandono o las situaciones de maltrato que puedan infligirles a causa de su condición. “A menudo se olvida el riesgo que corren de ser víctimas de estos ataques”, avisa Rosa Cadenas, presidenta de Dincat, una federación que agrupa a 300 entidades dedicadas a su cuidado.

Los talleres se llevan a cabo sentando a los asistentes en forma de ‘U’ y los agentes “visten uniforme”. Mientras dura la charla, los policías no dejan de interpelarlos para que vayan reflexionando poco a poco con las imágenes, para que se conecten con el relato. Cuando termina la sesión, no se van enseguida. Se quedan un rato porque saben que “algunos no hablarán delante del grupo, pero sí cuando puedan acercarse sin que nadie les oiga”.

Abusos en el eslabón más frágil

El caso de la escuela Taiga, avanzado por este diario, puso sobre la mesa el grado de vulnerabilidad que sufren estas personas ante las agresiones sexuales. Porque rara vez son capaces de comprender qué les están haciendo. Y si lo hacen, algunas discapacidades son tan agudas que resulta casi imposible que puedan expresarlo. Las viñetas que ahora empezarán a utilizar los Mossos pretenden conectar incluso con las víctimas más aisladas. También resultar disuasorias para los agresores, “que sientan que podríamos descubrirlos”.

Los Mossos recogieron durante el pasado año 94 denuncias por abusos contra personas discapacitadas. El 87% eran mujeres y el 31% menores de edad. Un estudio reciente de la Fundació Vicky Bernadet ha detectado que una de cada dos mujeres discapacitadas ha sufrido abusos sexuales. Rosa Cadenas explica que los abusos acostumbran a suceder en los centros. Y los cometen tanto los cuidadores como otros discapacitados con los que conviven las víctimas. Aunque estos últimos, a menudo, ni siquiera saben que les están haciendo daño.

-Fuente: https://www.elperiodico.com

ABUSO EN LA INFANCIA Y ADOLESCENCIA: CONSECUENCIAS EN LA VIDA ADULTA DE LAS MUJERES

No, denunciar abusos no está de moda. Las mujeres comenzamos a hablar, a perder el miedo. “Quiero reconocer a todas las mujeres que sufrieron abusos y siguieron adelante porque tenían, al igual que mi madre, hijos que mantener, cuentas que pagar y sueños que perseguir”,  expresó Oprah Winfrey en la edición de los premios #GoldenGlobes y las mujeres gritamos #TimeUp en el mundo, aliviadas y contagiadas de fuerza.

#TimeUp al violento, al hombre que se cree dueño de las mujeres y sobre todo de su sexualidad. Y ojala llegue el #TimeUp a los pactos de silencio familiares.

Por Lenny Cáceres

Si bien no existen estadísticas hay profesionales dan cuenta del un alto porcentaje de mujeres adultas abusadas en la infancia y/o adolescencia. “Si, es alto el número de mujeres abusadas  en infancia y/o adolescencia. Y teniendo en cuenta que no siempre el espacio psicoterapéutico es un lugar de revelación del abuso”, así lo expresa Rosa Lambert, psicóloga con perspectiva de género y vasta trayectoria profesional.

Pactos de silencio

Uno de los aspectos más traumáticos para las mujeres abusadas y que ha permitido perpetuar esta forma de violencia son los “pactos de silencio familiares”, no siempre explícitos. Los pactos de silencio al interior de las familias, siguen vigentes menciona Sonia Almada, psicóloga clínica y a modo de ejemplo cita el siguiente caso:

“Hace cierto tiempo, realice el psicodiagnóstico de una niña con resultado positivo para abuso sexual intrafamiliar. Cite a su mamá y junto con la niña de 5 años les explicamos lo que la nena había  padecido. La madre se horrorizó, porque no esperaba que el perpetrador, fuese un familiar directo, pero si sospechaba de un abuso.

Me dijo ‘no  lo puedo denunciar, le arruino la vida’ y agregó  ‘a mí me paso también y sigo viva, estoy bien’”.

Los secretos familiares muchas veces tienen que ver con complicidades por sumisión. “Arruinarle la vida” al pedófilo deja por fuera la vida arruinada de la niña, su hija. Otras veces el pacto es totalmente inconsciente, esta mamá hasta esa consulta no recordaba su propio abuso y no había denunciado nunca a su verdugo, su propio padre.

Otras veces el pacto es por temor, a perder un lugar en la familia, hasta el espacio físico donde vivir junto a los hijos e hijas, o su alimento. El mandato patriarcal obliga a hombres y mujeres a callar, a disimular, la conocida “la ropa  sucia se lava en casa” no es solo un refrán es una frase tallada a fuego en el cuerpo social, puntualiza.

“Los pactos de silencio han colaborado para la continuidad de las conductas abusivas en la misma persona y en las siguientes generaciones. Esto desde la historia de abuso sexual. Desde el daño psico-emocional y físico en el o la abusada a trastornos irreversibles o de difícil reparación” agrega Lambert.

¿Qué cambió en las jóvenes para animarse a denunciar, a contar en el espacio posible sobre los abusos padecidos? ¿Solo la bronca las motoriza?

R.S – Las nuevas generaciones educadas y contenidas con más posibilidades de conocimiento de los derechos y con educación menos represiva pueden expresar más tempranamente las situaciones abusivas. Esto genera más tiempo para reparar daños y un actuar de la justicia como gran colaborador de lo terapéutico. La bronca puede ayudar, pero se necesitan otras condiciones más importantes como lo es contención del miedo, de la culpa y la garantía de la protección y acompañamiento a partir de la revelación o la denuncia.

Hay cambios muy notorios en jóvenes y adolescentes en los últimos años. Sin olvidar que falta mucho para que esos cambios lleguen a todas y todos .La posibilidad de comunicarse entre pares a través de las redes así como también con organismos de protección y o familiares lejanos. Una sexualidad más igualitaria entre varones y mujeres. Modificaciones en la currícula escolar aunque aun sea imperfecta y tenue.

S.A – En la clínica, presencio  más frecuentemente “confesiones”  de haber padecido abusos sexuales. Esta situación antes se sospechaba primero, la mayoría de las veces por signos, síntomas y trastornos. Ahora es más habitual que la /el paciente relate la experiencia traumática. Creo que la información ayuda a visibilizar y a permitir que las personas hablen acerca de los que le pasa y se sientan menos culpables, a diferencia de otras épocas.

También es más frecuentes escuchar varones relatando el abuso sexual o situaciones abusivas (de 10 pacientes, 2 varones fueron víctimas de abuso o situaciones abusivas). De 10 pacientes, 8 mujeres fueron víctimas de abuso o situaciones abusivas.

Situaciones abusivas: Presenciar relaciones sexuales de adultos, por dormir en el mismo espacio, ver material pornográfico de los adultos de la casa, etc.

Consecuencias en la vida adulta de mujeres abusadas en la infancia

En cuanto a las consecuencias, las dos profesionales son categóricas. “Las consecuencias en la vida adulta se asocian a lo mencionado anteriormente. Afectando vida social familiar con una psiquis muy alerta ansiosa. Dificultad en la adaptación de las emociones con frecuentes y variadas somatizaciones corporales. Todo ello dependiendo de la antigüedad de la revelación y posterior tratamiento adecuado” expresa Rosita Lambert

Sonia Almada puntualiza y afirma que “los problemas más habituales son las alteraciones en la esfera sexual -disfunciones sexuales y menor capacidad de disfrute, especialmente-, la depresión y el trastorno de estrés postraumático, así como un control inadecuado de la ira; en el caso de los varones, volcada al exterior en forma de violencia; en el de las mujeres, canalizada en forma de conductas autodestructivas. Lo que predice una peor evolución a largo plazo es la presencia de sucesos traumáticos diversos, la frecuencia y la duración de los abusos, la posible existencia de una violación y la vinculación familiar con el agresor, así como las consecuencias negativas derivadas de la revelación del abuso; por ejemplo, romperse la familia, poner en duda el testimonio del menor, agresiones y revictimización.

Existe un alto porcentaje de ideación suicida y suicidio en los pocos estudios existentes hasta el momento que pueden verse repetidamente en la clínica. Trastornos del sueño, de la alimentación, problemas de vinculación, adicciones, y problemas psicosomáticos.”

Experiencia terapéutica con mujeres abusadas sexualmente en la infancia

La experiencia terapéutica de las dos profesionales nos marcan el camino a seguir, teniendo en cuenta que “el abuso sexual no solo se debe cuantificar sino calificar por el enfoque dado al mismo con una capacitación y supervisión adecuada a la problemática”, tal como lo explica Rosita Lambert.

Por otra parte, Almada alerta  “desde mi experiencia clínica,  que data de 1992, con mujeres víctimas de abuso sexual en la infancia, me permite aseverar que es uno  de los flagelos que mas daña la mente y cuerpo de las niñas. Las consecuencias son muy duraderas y el trabajo me gusta pensarlo como ‘semilla de lino’ es muy chiquito y se  debe hacer muy de a poco para retirar las esquirlas  del tiro en la cabeza’  como lo  denominó Irene Intebi  en “Abuso Sexual infantil, en las mejores familias” (Editorial GRANICA).

Las víctimas de abuso sexual son personas muy sensibles que deben ser alojadas y tratadas muy suavemente. Lo primero que uno se encuentra es un silencio abrumador, una oscuridad aterradora. Deben guardar el secreto, así se los enseño el pederasta. Sienten vergüenza por lo acontecido. La mayoría llega con la certeza que tiene responsabilidad y culpa sobre el hecho.
El primer trabajo es des-responzabilizarla del ‘crimen cometido’. Lleva realmente muchísimo tiempo recuperar a una persona de este trauma y siempre es con consecuencias”.

-Fuente: http://diariofemenino.com.ar/v2/