El niño no puede comprender el abuso, lo excede totalmente

Entrevista a Susana Toporosi, psicoanalista de niños y adolescentes, autora de “En carne viva. Abuso sexual infantojuvenil” (Ed. Topía, 2018)

Susana ToporosiMario HernándezAlejandro Vainer

M.H.: Susana Toporosi, escritora del libro “En carne viva. Abuso sexual infantojuvenil”. Con un prólogo de Juan Carlos Volnovich, cito: “[…] Supo enfrentar el horror de una de las prácticas más aberrantes de la condición humana para, finalmente, construir este edificio conceptual ‘en carne viva’ que, de aquí en más, ha de convertirse en referencia obligada para quienes aborden el tema”. Viniendo de Juan Carlos, un prólogo tan elogioso, me imagino la importancia de este libro. Hablando con Alejandro Vainer, le comentaba que no me habían acercado el libro, pero después me di cuenta que es preferible que la entrevista te la haga él porque lo leyó dos veces. Te voy a dejar con Alejandro Vainer con quien compartís el Consejo de Redacción de la revista Topía.

A.V.: Voy a hacer preguntas para dar algunas brújulas del libro. Hay frases que me llamaron la atención, porque homologás que en el trabajo de muchos años de experiencia que tenés, con la forma de diagnosticar, ponés al mismo nivel al hallazgo diagnóstico que al hallazgo físico después de un episodio de violación. ¿Podés contarnos un poco de esto? ¿Cómo llegaste? Porque es bastante fuerte como afirmación.

S.T.: En principio dejame decirles que el hallazgo físico, durante muchos años era casi excluyente, si no había una marca física que diera cuenta de la presencia de algo de sexualidad adulta en el cuerpo del niño, no servía como demostración de abuso. En realidad lo que traté de desarrollar y mostrar en el libro es que cuando un niño vive una situación que le resulta traumática (y esto no es solo para abuso sino para otras situaciones), siendo el abuso donde más se ve, traumático significa totalmente excesivo, que él no tiene herramientas para metabolizarlo, es como si le estallara una bomba en su cabeza con esto que le hacen en el cuerpo. Porque cada cosa que le va pasando, se supone que tiene que ir teniendo herramientas en su cabeza para ir incorporándolo y entendiéndolo.

El abuso no lo puede comprender, lo excede totalmente, entre otras cosas porque es la sexualidad de un adulto que el chico no puede conocer porque todavía no pasó por la edad en que pudiera comprender qué es la sexualidad adulta. Esa bomba que le estalla en la cabeza tiene efectos.

¿Cuáles son estos efectos? El chico no va a poder jugar, dibujar, contar con un relato eso vivido, sino que generalmente lo que le pasa es que se le interrumpe esa posibilidad de jugar, dibujar y contar y lo que aparece son como pedacitos de eso que estalló que quedaron intactos, pedacitos de algo que vivió en ese momento del abuso, que quedaron intactos y que aparecen después de un tiempo, por ejemplo, jugando a otras cosas.

El chico puede jugar, pero en relación a lo que le pasó no hay posibilidad de juego, de transformación, de hablar de eso, contarlo, sino que habitualmente es como si esa bomba que estalló tiene los pedacitos de metal incluidos ahora en esta nueva escena donde está jugando a otra cosa o dibujando; de repente se interrumpe el juego y aparece algo que no es juego. Eso lo podemos reconocer los terapeutas de un niño, porque no todo hacer de un niño es jugar. Por ejemplo, un chico está jugando en una casita en un consultorio, con los muñecos y de repente toma una muñeca y comienza a succionar los genitales de la muñeca. Ese momento es una interrupción del juego y aparece un pedazo intacto, como si fuera la esquirla de la bomba, de algo que él vivió y que le resultó traumático.

La posibilidad de que el terapeuta dentro del consultorio pueda reconocer esos elementos da la posibilidad de mostrar cómo esa sexualidad adulta actuó disruptivamente en su cabeza. Es como mostrar una parte de la escena traumática, que permite dar elementos en un informe a un juez de que ahí hubo un traumatismo.

M.H.: Este es un tema que está muy presente por el caso de los jóvenes futbolistas del Club Independiente, justamente hoy salió un reportaje en Clarín a Marta Dávila, una psicoanalista que armó la pensión de Independiente y cuando el periodista le pregunta cómo se reconoce un chico abusado, a diferencia de esto que estás diciendo y entendiendo que en este caso se trata de adolescentes, ella dice que se reconoce enseguida porque lloran, se ruborizan, tienen otra expresión cuando se les pregunta qué pasó. Además agrega que “el chico abusado tiene que ser contenido y tratado de una manera especial”. En eso parecería haber coincidencia, pero te pregunto, ¿por qué esta diferencia en cuanto al reconocimiento?

S.T.: De mi experiencia clínica de muchos años, pienso que posiblemente lo que quiere señalar es que hay formas de reconocerlo porque el problema es que en general son muy pocos los adolescentes que vienen a consultar porque fueron abusados, esa es la realidad en el hospital. Es muy baja la proporción de adolescentes que se presentan a la consulta manifestando haber sido abusados. La mayoría de los casos son hallazgos que tiene que hacer el profesional. Ya sea el medico clínico que lo atiende, el pediatra o el psicólogo. Porque a veces eso está tapado porque el chico no se anima a contarlo, porque él mismo no lo quiere recordar y muchas veces está inclusive encapsulado en su propio aparato psíquico, como si hubiera sido apartado como un mecanismo para poder seguir viviendo con eso tan terrible que le pasó.

Entonces, la llegada a descubrir que un adolescente fue abusado, muchas veces no es por el relato, sino por la ausencia del mismo, o porque de golpe aparece una irrupción en llanto, porque va al consultorio del pediatra y no se quiere desvestir, porque no se deja revisar los genitales, porque cuando el pediatra le pregunta, como lo hace habitualmente, sobre relaciones sexuales, responde que no quiere tener nunca relaciones sexuales. Entonces, el poder detectar las situaciones de abuso en la adolescencia implica poder conocer toda esta trama subterránea que no aparece claramente en la consulta.

M.H.: Nosotros tratamos un caso, del que hicimos un seguimiento, vinculado a una colega, una docente con la que damos clase en un bachillerato popular. Ella descubre el abuso por parte del padre de su niña de 3 años, porque en un momento la niña de pide “haceme como me hace papá”. En este caso, la que detecta la situación es la madre. Porque también hay madres que niegan estas cosas.

S.T.: Lo importante ahí fue que hubo un adulto que logró darle un sentido a lo que dijo la nena que le hizo prender una alarma. Eso es lo que también tenemos los profesionales que trabajamos en este campo, un montón de elementos para entender dónde tenemos que encender alarmas.

Con respecto a las madres te puedo decir varias cosas, nos hemos encontrado con madres cómplices, pero también hay muchas madres que no detectan estas situaciones, o porque están muy desconectadas, deprimidas, o en muchos casos también hemos visto madres que han sido abusadas en su infancia y que para no recordar su propio abuso, ellas también han implementado ciertos mecanismos de defensa que son extremos, como el de encapsular la experiencia traumática y tenerla apartada. No pueden recordar nada que tenga que ver con eso y además no pueden reconocer o ver alguna situación actual que pudiera tener que ver con eso que ellas mismas encapsularon, para no sacar a la vista ese recuerdo.

Entonces, es muy complejo el tema, porque hay muchos casos. En nuestra generación actual el abuso se habla, se llega a contar, se llega a decir, pero en la generación de los padres de los adolescentes actuales, de los padres o de los abuelos, esto no se hablaba, se mantenía tapado durante toda la vida, porque había una sociedad que no le iba a creer jamás a un chico, ni a una mujer, ni a una chica, entonces los relatos se guardaban porque a las personas les daba vergüenza contarlo porque encima eran culpabilizadas. Entonces hoy tenemos muchas madres que han vivido esto y que no pueden detectar y no pueden cuidar a sus hijos/as de esto, se repite la situación de abuso justamente porque ellas vivieron algo así que fue guardado, encerrado bajo muchos candados dentro de su aparato psíquico.

En nuestra justicia tenemos un sesgo todavía fuertemente patriarcal

A.V.: Todo esto tiene implicaciones de relación con la justicia, porque no es solamente la detección sino que tiene que ver con una operación de todo el aparato judicial. ¿Cuál es la relación con la justicia una vez que se descubre y se puede afirmar fehacientemente que hubo un abuso?

S.T.: Por un lado en nuestra justicia tenemos un sesgo todavía fuertemente patriarcal que hace que muchas veces no se le dé valor, por más que estén los elementos en un informe, por ejemplo, lo que pueden informar los profesionales que están tratando a los chicos. Muchas veces puede suceder, o que los niños no sean escuchados, que no se les dé valor a su palabra, o si el niño no relató en la Cámara Gesell con palabras el abuso vivido por parte, por ejemplo, de su papá y los hechos traumáticos, muchas veces se considera que no sirve como prueba. Lo que les contaba antes, tiene que ver con que muchas veces un niño no puede ser el testigo que pueda relatar con la distancia suficiente que necesita un relato.

A.V.: O sea que le piden a un niño que relate como un adulto frente a la justicia. Aclará qué es la cámara Gesell.

S.T.: Es un dispositivo que se usa para tomar la declaración de un niño. Es un adelanto que exista esto en Argentina, porque en muchos países los llevan a declarar directamente al juicio. Se toma una declaración en condiciones particulares, cuidadas, pero sobre eso hay mucho que avanzar, porque la idea que pesa es que la declaración de un niño tiene que parecerse al relato de un adulto. Todavía no está la posibilidad de pensar que los niños tienen otros medios para manifestarse y que tal vez no pueden contarlo con palabras. Esto es a veces un obstáculo para que se demuestre el abuso cuando realmente sucedió y es absuelto el abusador en el terreno penal.

M.H.: Esto fue lo que pasó con el papá de la hija de Natalia. En primera instancia, porque luego se hizo una movilización, se fue al Juzgado, se hizo una radio abierta y allí el Juez revirtió la medida y reabrió la causa. Pero fue producto de una situación de movilización que expuso al Juez.

A.V.: O sea, a los chicos se los trata como a un adulto que tiene que relatar cómo le robaron en el colectivo. No contemplando que el chico tiene una subjetividad en formación y que ese hecho es como vos relatabas antes, una bomba que le estalló.

S.T.: Exacto. Cómo un niño va a poder contar en primera persona, con la distancia necesaria que se requiere para un relato, objetivando los hechos, cómo la persona, que generalmente es el padre, que lo tenía que cuidar y proteger, a quien además muchas veces le tiene miedo porque suelen haber amenazas, cuente los hechos vividos. Es muy difícil que eso suceda. Por eso muchos abusadores quedan absueltos en el juicio penal, porque no están las pruebas de acuerdo a lo que nuestra justicia considera. Nada es homogéneo, hay jueces y juezas que trabajan de una manera muy interesante.

A.V.: Un juez será uno de los presentadores de tu libro el próximo sábado.

S.T.: Carlos Rozanski, exactamente. Por eso lo invité, tiene una modalidad de entender la subjetividad de un niño, de un adolescente y de una madre que permite pensar un montón de cosas que muchas veces no se piensan. Esa justicia, que yo llamaría patriarcal, que se extiende a psicólogos y docentes, es como si esperara que el niño “suba” al terreno del adulto. Espera desde ahí arriba que el niño se eleve y hable en los términos en los que el juez va a poder entender y no al revés, que los adultos traten de acomodarse a lo que un niño pequeño puede, para entender su subjetividad y en el lenguaje en el que puede expresarse un chico.

M.H.: ¿Quién más te acompaña el sábado en la presentación del libro?

S.T.: Carlos Rozanski, Jorge Volnovich y Adriana Franco.

M.H.: Esto será el sábado 7 de abril a las 16.30 en The Cavern Club, en Av. Corrientes 1660 al fondo, subiendo las escaleras. Entrada libre y gratuita. El libro está muy bien distribuido con muy buena exposición en los kioscos. “En carne viva. Abuso sexual infantojuvenil” escrito por Susana Toporosi. Mucho éxito en la presentación.

Fuente: https://www.topia.com.ar

4 cuentos infantiles para prevenir y detectar a tiempo el abuso sexual

Para evitar este daño irreparable es necesario educar a los niños a temprana edad sobre cómo reconocer un abuso sexual. Así, logramos empoderarlos y de paso, debilitamos a los abusadores. ¿Cómo hablar este tema tan difícil con los niños? Leyéndoles cuentos.

Las estadísticas son alarmantes. La Organización Mundial de la Salud (OMS) dice que 1 de cada 5 niños son víctimas de violencia sexual, incluido el abuso sexual, y que esto afecta a niños de todas las edades, razas, clases sociales y religiones. Generalmente se da en entornos cercanos y de confianza, es decir, con tíos, abuelos, primos mayores, profesores, sacerdotes, vecinos o amigos de los padres.

Sabemos que como padres no es fácil abordar este tema con nuestros hijos cuando son muy pequeños, porque tenemos miedo a sexualizarlos a muy temprana edad, a pervertir su infancia, a inculcarles la desconfianza en los mayores, y, en resumen, a presentarles la idea de que el peligro puede estar cerca, cuando lo único que queremos es proteger su inocencia e infancia, criándolos en base a la confianza, el amor y la seguridad.

Pero, aunque suene cliché, la frase “más vale prevenir que lamentar”, en este caso es la gran clave. ¿Por qué? Porque los abusos pueden cometerse a cualquier edad, y porque, si los niños no saben de antemano qué es lo que está permitido que otras personas hagan con su cuerpo, jamás lo verán como un acto abusivo, y será mucho más fácil que el abusador los someta por períodos prolongados a esta violencia tan dañina.

En cambio, un niño que sabe qué es lo que es normal y qué no, estará más alerta y ante un eventual abuso, lo reconocerá rápidamente y podrá negarse, incomodarse o molestarse frente a este hecho, y comunicarlo a sus seres de confianza a tiempo, o al menos impedir que el abusador cometa el abuso. La mayoría de los abusadores actúa en base a la confianza que tiene con el niño, aprovechándose de su inocencia e ignorancia frente al tema.

¿Cómo tratar directamente estos temas tan complicados, sin ser tan explícitos? ¿Cómo llegar a la sensibilidad de nuestros hijos y hacerlos entender qué está bien y qué mal respecto a sus cuerpos, sin violentarlos con el lenguaje? ¿Cómo lograr que interioricen el tema del abuso y que sepan que es tan malo como el maltrato físico o sicológico?

Una buena forma de hacerlo es a través de cuentos infantiles creados por psicólogas especialistas, que enseñan el tema mediante un lenguaje directo y sencillo, acompañado de lindas ilustraciones que potencian el contenido y captan rápidamente la atención de los menores. Aquí les dejamos algunas recomendaciones para diferentes edades.

1. Kiko y la Mano: para niños pequeños

Este cuento infantil español se ha convertido ya en un clásico, y es material pedagógico para muchos jardines infantiles y escuelas públicas de Europa. Cuenta con una serie de materiales, llamados La Regla del Kiko, que incluye una guía, un cuento, un video y carteles, elaborados por el Consejo de Europa, para ayudar a los padres y educadores a explicar a los niños dónde otras personas no pueden tocarles, cómo reaccionar y a quién dirigirse para pedir ayuda.

Kiko, entonces, es un personaje que llega para combatir la violencia sexual contra los niños con una regla importantísima basada en tres ideas fundamentales: su cuerpo le pertenece sólo a él, existen secretos buenos y malos, y formas de tocar buenas y malas.

Los personajes son dos: Kiko y una mano, y la historia se basa en los tipos de contactos que van teniendo ambos, evidenciando así los que están permitidos y los que no, de forma clara y directa.

Aquí pueden leer el cuento, y le dejamos también el video.

2. Ojos Verdes: para niños entre 6 y 12 años

Este libro de la psicóloga española Luisa Fernanda Yágüez, cuenta la historia sobre un niño y su vecino adulto, y la relación secreta que mantienen.

Todo empieza cuando Alex, el niño, va en búsqueda de su pelota perdida y llega a una gran casa con un jardín maravilloso y se encuentra con Max, el entrenador de básquetbol del colegio, que resulta ser su vecino. Max le ofrece enseñarle a jardinear, siempre y cuando fuese un secreto. Y, al ser un conocido, Alex no ve el riesgo en esto y se somete a esta relación que termina en abuso. Por ende, el libro enseña que no se puede mantener secretos con adultos, aunque sean personas conocidas.

Aquí les dejamos el link del cuento.

3. ¡Estela grita muy fuerte!: a partir de 6 años

Este libro busca entregar a los niños una herramienta para enseñarles a hacerse respetar, para prevenir así tanto el maltrato como el abuso infantil. “Una excusa para que niños y niñas, y mayores, entablen un diálogo sobre el derecho de cualquier persona a decir no ante situaciones que nos disgustan o hacen daño”, señala Isabel Olid, autora del cuento.

Además, Olid, junto a la Asociación de Red de Ayuda a Niños Abusados, en colaboración con la Editorial Fineo, elaboraron un Programa de prevención de maltrato y abuso sexual infantil para acompañar el mensaje del cuento, mediante herramientas didácticas que permite que los niños se reconozcan en situaciones de maltrato y abuso y sepan cómo reaccionar.

El libro muestra a la protagonista Estela, una niña pequeña, en dos escenarios diferentes que involucran maltrato o abuso con personas cercanas: el primero es sobre maltrato físico con su mejor amiga del colegio y el segundo sobre abuso sexual con un tío.

Les dejamos el link del cuento en PDF y también el video.

4. Cata y Benja: para todas las edades

El gobierno chileno, a través del Ministerio de Justicia, el año 2012 publicó tres libros como guía básica de prevención del abuso sexual infantil:

Cata, Benja y su Hada Madrina es el primer libro, destinado a niños menores de seis años, que enseña los límites de las demostraciones de cariño de una persona de confianza, representada por un hada madrina.

Cata, Benja y Pincho es el libro destinado a niños entre 6 y 12 años, y explica a través de un amigo, lo que significa directamente el abuso sexual, por qué es malo, y que nadie puede tocarlos de manera indebida, incluidas las personas de confianza como: tíos, primos, abuelos, vecinos, etc. Enseña que no deben existir secretos con adultos y que siempre deben contarle a sus padres aquello que les molesta.

Cata y Benja online es el último libro destinado a adolescentes y que explica los abusos que se pueden cometer a través de internet y cómo evitar exponerse de forma online ante desconocidos. La historia está basada en la conversación por el chat de Facebook entre dos amigos, quienes van exponiendo lo peligroso que es entablar relaciones con personas desconocidas a través de internet, explicándolo mediante lenguaje juvenil y casos puntuales que supuestamente le pasaron a otros amigos cercanos.

Aquí pueden leer los tres libros.

¿Cómo actuar ante un caso de abuso infantil?

El Centro de Asistencia a Víctimas de Agresiones Sexuales (CAVAS), pone a disposición pública una serie de actitudes adecuadas en el caso de enfrentarnos a un abuso infantil:

1. Creer al niño/a: con tipos de respuesta: “Gracias por confiar en mí Y contármelo, así puedo ayudarte a solucionarlo”.

2. Hacerle sentir orgulloso por haberlo contado: con tipos de respuesta: “Has sido muy valiente al contármelo y estoy muy orgulloso/a de ti”.

3. Decirle que no es culpable: con tipos de respuesta: “Tú no has hecho nada malo”, “No es culpa tuya”.

4. Asegurarle que no le ocurrirá nada malo: con tipos de respuesta: “Ahora que me lo has contado, puedes estar tranquilo porque esto no volverá a ocurrir”.

5. Decirle que saldrá adelante: con tipos de respuesta: “Aunque ahora estés un poco triste, todos te vamos a ayudar a que te sientas mejor”.

6. Expresarle afecto con tipos de respuesta: “Te quiero y estaré junto a ti siempre que me necesites”.

7. Mantener la calma: no hablar al niño nunca con demasiada carga emocional, trasmitiendo nuestro desasosiego y preocupación.

8. Asegurarse de que el menor no ha sufrido heridas, y en el caso de que las haya sufrido, acudir a un médico.

9. Proteger a la víctima: impedir que el abusador pueda volver a acceder al menor. Y el mejor método es la DENUNCIA.

En esta nota tratamos el tema de prevención, alertas y formas de acompañar a una víctima de abuso sexual infantil con mayor detalle. Esto gracias a la entrevista que le realizamos al filósofo José Andrés Murillo, víctima del ex párroco Fernando Karadima, y director de la Fundación Para La Confianza, la que se dedica a acompañar a víctimas, generar información relevante sobre abusos y su difusión y a entregar formación y capacitación especializada en abuso sexual infantil a instituciones que trabajan con niños.

¿Qué otros métodos de prevención ante el abuso sexual conoces tú?

-Fuente: https://www.eldefinido.cl

 

 

 

 

Proyecto antenas / Julia Borbolla

TED Talks.- En esta charla, Julia Borbolla, cuenta qué la inspiró para inventar una herramienta interactiva donde los dibujos animados sirven de terapia para niños víctimas de abuso. A la fecha, ha ayudado a más de 8 mil niños.

 

‘Situación de la niñez en Colombia, atroz pero no nueva’

La psiquiatra Isabel Cuadros analiza los recientes crímenes y ofrece algunas recomendaciones.

No fue por azar que Isabel Cuadros Ferré, médica psiquiatra de la Universidad del Valle, recién graduada, en los años 80, decidió que orientaría su carrera a la prevención del maltrato infantil, cuando este era un asunto del que poco se hablaba fuera de las cuatro paredes del hogar.

Lo que determinó su compromiso fue la muerte de Jenny, una niña de dos años, en Cali. Llegó al hospital con 39 fracturas. Una vez diagnosticada, fue devuelta a su casa, porque el médico que la atendió no supo detectar las huellas de la violencia en su cuerpo. Cuando retornó, meses más adelante, nada se pudo hacer para salvarla. Desde entonces no ha habido un solo día en que no se dedique a hacer cuanto esté a su alcance para prevenir o erradicar el maltrato infantil en el país.

Creó hace 25 años la Fundación Afecto, la primera organización no gubernamental en ocuparse del problema. Isabel es dulce, de risa fácil, pero fuerte y corajuda para defender a la infancia de los “lobos” que la asechan y para ayudar a los padres, a la comunidad educativa, a sus colegas y al Estado, a morigerar o acabar con todo aquello que aleje a los niños de la alegría y el bienestar.

¿Cómo califica la situación que está viviendo la niñez en el país?

Atroz, pero no es nueva. Y si las marchas lo hacen sentir mejor a uno, pues que salgamos todos a marchar y en todo el país, pero se necesitan acciones propositivas. Desde la Fundación Afecto estamos proponiendo un cambio en la política pública. Es urgente crear una unidad intersectorial de crímenes contra los niños. El FBI, en Estados Unidos, tiene absolutamente control sobre esta problemática: si un niño no aparece en las primeras 24 horas o aparece muerto, se pone en marcha un operativo para encontrar al menor o detener a los responsables del crimen.Aquí se esperan 72 horas para ver si el niño se perdió jugando. Como es obvio, esta práctica no consulta la realidad: la violencia nos muestra que el niño no se fue a jugar. Las niñas de Suba, que jamás fueron encontradas (una historia de hace 15 años) y algunos otros casos nos indican que la respuesta del Estado tiene que ser más rápida y ser interdisciplinaria. Investigar los crímenes contra los niños es muy distinto que investigar los crímenes contra los adultos.

De manera que las marchas están muy bien y las lágrimas también, pero hay que hacer política pública.

¿Considera que la situación de violencia contra los niños se ha agudizado?

Se han multiplicado casos sobre los que no se tiene explicación. Lo que Jung describía como sincronismos: cosas que pasan al mismo tiempo y nadie sabe por qué.

En la Fundación Afecto, en el Hospital La Misericordia, en el programa que tenemos con Bienestar Familiar lo que vemos con frecuencia son fracturas de cráneo de bebés menores de un año, fracturas en los huesos largos, quemaduras, abuso sexual. En esta época ha habido una racha, y digamos que uno no encontraría una razón científica que la explique. Y aunque tenemos un nivel basal de violencia sobre los niños muy alto, me molestan esos titulares que dicen que el país no quiere a sus niños: el país somos todos, y aquí estamos las ONG, como nosotros, trabajando porque las cosas mejoren y millones de personas buenas que jamás han hecho ni harían un acto de violencia contra un menor. La mayoría de los padres y madres de este país quieren a sus hijos, a sus nietos, a sus sobrinos. Es muy arriesgado que se globalice, desde el punto de vista siquiátrico, y se decida que todo un país es violento. No es cierto. Jamás ha sido cierto. Esos titulares están haciendo mucho daño porque están diciendo a los violentos que todos somos iguales a ellos.

Algunos de sus colegas sostienen que si una persona es maltratada en la infancia va a ser un adulto maltratador. ¿Qué opina?

No necesariamente. Las líneas de investigación lo que muestran es que hay un porcentaje importante de esas personas que han sido maltratadas, violentadas, victimizadas sexualmente que crecen con secuelas que podrían repetir ese patrón. Es el ejemplo de Garavito, el abusador sexual. Pero hay otras personas que son resilientes. La mayor parte de las víctimas por abuso sexual son mujeres, y uno no ve que esas mujeres estén victimizando a los hijos. Si fuera cierto que cuando a uno lo maltratan, cuando en la infancia se viven situaciones violentas, esas personas crecen para maltratar y odiar no tendríamos esperanza para la especie humana, porque hay una cantidad de niños victimizados.

¿Tenemos un factor de violencia hereditario en el país?

Parte de lo que sucede es porque hemos sufrido grados de violencia social altos desde hace muchos años. Venimos de una colonización salvaje. Muchas de las tribus indígenas que habitaban este territorio eran terriblemente violentas, y de ahí para adelante ha habido pocos períodos de calma. Pero, más que un factor hereditario, quiero resaltar que la falta de atención en salud mental es gravísima en niños que han sido violentados. Solo ahora ha comenzado a hacerse tratamiento siquiátrico.

¿Se refiere a los menores desplazados, que presenciaron masacres, asesinato?

Sin duda. Lo que sabemos hoy es que los altos niveles de cortisol que se producen en el estrés crónico generan daños en el cerebro, muchas veces irreparables. La buena noticia en este panorama es que mientras el niño tenga una madre, un padre, unos abuelos que lo estén cuidando con amor, el niño sobrevive y se desarrolla bien.

Tenemos que ampliar la capacidad para poder atender los casos de hoy y lo que vendrá en el posconflicto: personas severamente victimizadas que no han tenido la oportunidad de conversar con nadie, que no han sido atendidas desde el punto de vista sicológico. Se deben tomar medidas de reparación, acciones para recuperar su salud mental, sobre todo en los niños más pequeños.

¿La pobreza, la miseria, la falta de oportunidades generan mayor victimización sobre los niños?

La pobreza es un factor de riesgo especialmente para abuso físico, para abuso por negligencia. Los niños de clase alta están expuestos a otros riesgos; por ejemplo, con el uso del computador. En las redes sociales prolifera la prostitución, la pornografía; abundan los pedófilos. Los pobres no tienen acceso a esa tecnología en la casa. La norma internacional dice que un niño menor de 12 años no puede permanecer solo. Imaginemos qué pasaría en el país si esta disposición se aplicara.

¿Qué otros peligros asechan a los niños en el país?

Las personas que los rodean. Las familias deben saber que tanto en el abuso físico como sexual, en todos estos homicidios que han ocurrido, donde el niño ha sufrido desmembración y abuso sexual y luego la muerte, los responsables han sido personas del entorno del menor. Hay que tener cuidado con quienes tienen acceso al niño. Hay esforzarse por cambiar la mentalidad de que los niños son los hacen los mandados de la casa. No hay que mandarlos a la calle. La calle es peligrosa. Si usted como adulto no está seguro en la calle, qué le hace pensar que para su niño sí hay seguridad.

A los niños les puede ocurrir lo mismo que le pasó a Caperucita, que la mamá la manda al bosque a sabiendas que en el bosque hay lobos. Eso es lo que hacemos en Colombia al mandar a los niños a la calle, con ingenuidad y falta de prevención. Hay muchas personas esperando a los niños que son vulnerables. Y, ¿cuál es el niño vulnerable? Uno que no sabe que los adultos pueden ser peligrosos, abusadores sexuales. Un niño carente de afecto y de cosas materiales fácilmente puede ser seducido.

¿Se podría afirmar que los victimarios cambiaron su objetivo de retaliación? ¿Ya no serían las mujeres las víctimas, sino los menores?

Es mucho más fácil matar niños que adultos. En la guerra de la antigua Yugoeslavia se mató a muchos niños. Si yo quiero vengarme de alguien, le mato a sus hijos. Es lo que pasa con los animales cuando se está de caza, se escoge el animal más débil de la manada: una leona o una loba que atienden sus crías son presas fáciles. El asesinato de los niños Vanegas Grimaldo en el Caquetá es una situación de todo nueva y distinta. Hubo una venganza, muy extraña por el nivel de pobreza que exhibe esa familia, por las condiciones en que vivían y donde vivían los niños. Situación muy distinta a la del caso de La Vega (Cundinamarca), donde sin duda el objetivo era el niño y se le desmiembra.

En el caso del asesinato de los niños del Caquetá, se habla de falla de la Fiscalía. ¿Qué opina?

Tengo que decir en defensa de las autoridades judiciales que la evaluación del riesgo en estos casos es muy difícil. Muy difícil que las autoridades pudieran predecir qué iban a hacer los asesinos, retrospectivamente hablando. Y aunque hubo amenazas, no es el caso típico del asesinato de niños. Lo que no sabemos, y seguramente nunca sabremos, es por qué ese desplazamiento de agresión, que iba dirigida a los padres, terminó en contra de los hijos. Repito, unos niños que vivían en unas condiciones lamentables.

¿Cómo se puede detectar y prevenir la agresión?

La violencia asecha. Hay que tener el ojo entrenado. En el maltrato infantil hay que actuar sobre la sospecha. Si no se actúa sobre la denuncia, puede haber un muerto cuando lleguen las autoridades a investigar.

Hay otro punto muy importante para tener en cuenta y es que las personas que denuncian el maltrato tienen que estar protegidas. Qué hacemos con las personas que detectan el abuso sexual y que sufren retaliaciones tanto en lo jurídico como en la parte criminal, pues lo primero que hay que hacer es proteger a las personas que trabajamos en defensa de los niños. Si Bienestar Familiar tiene un defensor de familia que está tomando decisiones, se le tiene que proteger. En la actualidad se deja a las personas que defienden a los niños muy expuestas, de carne de cañón, a los abusadores. Proteger a las personas que trabajan en defensa de los niños debe ser otra de las consignas. Menos escándalo y más acción.

¿Podría hablar sobre la violencia verbal, esa que es más sutil?

Muchos niños prefieren una palmada a una humillación, y entiéndase bien, no estoy abogando por las palmadas, pero también prefiero una palmada a una humillación. La humillación es lo que más agrede a un ser humano. Las palabras y el tono de las mismas crean realidades: usted no es valioso o usted no me sirve o usted no va aprender, o quítese de aquí que me estorba. El niño va interiorizando esas frases y crecerá con dolores que muchas veces se evidenciarán en comportamientos agresivos o en depresión o en ganas de no vivir.

La crianza moderna predica que es el afianzamiento de las cosas buenas que hacen los niños lo que trae mejores resultados en el proceso educativo y formativo. Se consiguen muchas más cosas con miel que con vinagre.

Quedan muchas cosas en el tintero. Pero ¿cuál sería la que cree más importante ahora?

Uno les oye decir a muchas personas que Colombia es el país más violento de mundo, en el que más matan a sus niños, y eso no es así. Sí hay un porcentaje de desalmados, muy bajo diría yo. Porque la mayor parte de nosotros daríamos la vida por nuestros hijos. Son muy inapropiados esos titulares que generalizan, como si todos fuéramos iguales. Por una parte, se les entrega a los malos una patente de corso para que sigan delinquiendo: “Si todos somos violentos, pues sigamos”. Y, por otro lado, la problemática se vuelve inabordable.

Si las 48 millones de personas todas son maltratadoras con los hijos, apague y vámonos. En cambio, si se envía el mensaje de que solo un sector mínimo de la población son unos desalmados, que responden a unas condiciones sociales específicas, a unos comportamientos patológicos de violencia, agregados a negligencia estatal, en donde seguramente no hubo atención oportuna, se estará trabajando en una dirección más acertada y exigiendo política pública para desarmar a esas minorías. Como psiquiatra y como defensora de la niñez, mal haría en negar la problemática de la violencia actual, que necesita intervención urgente en salud mental.

MYRIAM BAUTISTA
Especial para EL TIEMPO

– Fuente: http://www.eltiempo.com