El niño no puede comprender el abuso, lo excede totalmente

Entrevista a Susana Toporosi, psicoanalista de niños y adolescentes, autora de “En carne viva. Abuso sexual infantojuvenil” (Ed. Topía, 2018)

Susana ToporosiMario HernándezAlejandro Vainer

M.H.: Susana Toporosi, escritora del libro “En carne viva. Abuso sexual infantojuvenil”. Con un prólogo de Juan Carlos Volnovich, cito: “[…] Supo enfrentar el horror de una de las prácticas más aberrantes de la condición humana para, finalmente, construir este edificio conceptual ‘en carne viva’ que, de aquí en más, ha de convertirse en referencia obligada para quienes aborden el tema”. Viniendo de Juan Carlos, un prólogo tan elogioso, me imagino la importancia de este libro. Hablando con Alejandro Vainer, le comentaba que no me habían acercado el libro, pero después me di cuenta que es preferible que la entrevista te la haga él porque lo leyó dos veces. Te voy a dejar con Alejandro Vainer con quien compartís el Consejo de Redacción de la revista Topía.

A.V.: Voy a hacer preguntas para dar algunas brújulas del libro. Hay frases que me llamaron la atención, porque homologás que en el trabajo de muchos años de experiencia que tenés, con la forma de diagnosticar, ponés al mismo nivel al hallazgo diagnóstico que al hallazgo físico después de un episodio de violación. ¿Podés contarnos un poco de esto? ¿Cómo llegaste? Porque es bastante fuerte como afirmación.

S.T.: En principio dejame decirles que el hallazgo físico, durante muchos años era casi excluyente, si no había una marca física que diera cuenta de la presencia de algo de sexualidad adulta en el cuerpo del niño, no servía como demostración de abuso. En realidad lo que traté de desarrollar y mostrar en el libro es que cuando un niño vive una situación que le resulta traumática (y esto no es solo para abuso sino para otras situaciones), siendo el abuso donde más se ve, traumático significa totalmente excesivo, que él no tiene herramientas para metabolizarlo, es como si le estallara una bomba en su cabeza con esto que le hacen en el cuerpo. Porque cada cosa que le va pasando, se supone que tiene que ir teniendo herramientas en su cabeza para ir incorporándolo y entendiéndolo.

El abuso no lo puede comprender, lo excede totalmente, entre otras cosas porque es la sexualidad de un adulto que el chico no puede conocer porque todavía no pasó por la edad en que pudiera comprender qué es la sexualidad adulta. Esa bomba que le estalla en la cabeza tiene efectos.

¿Cuáles son estos efectos? El chico no va a poder jugar, dibujar, contar con un relato eso vivido, sino que generalmente lo que le pasa es que se le interrumpe esa posibilidad de jugar, dibujar y contar y lo que aparece son como pedacitos de eso que estalló que quedaron intactos, pedacitos de algo que vivió en ese momento del abuso, que quedaron intactos y que aparecen después de un tiempo, por ejemplo, jugando a otras cosas.

El chico puede jugar, pero en relación a lo que le pasó no hay posibilidad de juego, de transformación, de hablar de eso, contarlo, sino que habitualmente es como si esa bomba que estalló tiene los pedacitos de metal incluidos ahora en esta nueva escena donde está jugando a otra cosa o dibujando; de repente se interrumpe el juego y aparece algo que no es juego. Eso lo podemos reconocer los terapeutas de un niño, porque no todo hacer de un niño es jugar. Por ejemplo, un chico está jugando en una casita en un consultorio, con los muñecos y de repente toma una muñeca y comienza a succionar los genitales de la muñeca. Ese momento es una interrupción del juego y aparece un pedazo intacto, como si fuera la esquirla de la bomba, de algo que él vivió y que le resultó traumático.

La posibilidad de que el terapeuta dentro del consultorio pueda reconocer esos elementos da la posibilidad de mostrar cómo esa sexualidad adulta actuó disruptivamente en su cabeza. Es como mostrar una parte de la escena traumática, que permite dar elementos en un informe a un juez de que ahí hubo un traumatismo.

M.H.: Este es un tema que está muy presente por el caso de los jóvenes futbolistas del Club Independiente, justamente hoy salió un reportaje en Clarín a Marta Dávila, una psicoanalista que armó la pensión de Independiente y cuando el periodista le pregunta cómo se reconoce un chico abusado, a diferencia de esto que estás diciendo y entendiendo que en este caso se trata de adolescentes, ella dice que se reconoce enseguida porque lloran, se ruborizan, tienen otra expresión cuando se les pregunta qué pasó. Además agrega que “el chico abusado tiene que ser contenido y tratado de una manera especial”. En eso parecería haber coincidencia, pero te pregunto, ¿por qué esta diferencia en cuanto al reconocimiento?

S.T.: De mi experiencia clínica de muchos años, pienso que posiblemente lo que quiere señalar es que hay formas de reconocerlo porque el problema es que en general son muy pocos los adolescentes que vienen a consultar porque fueron abusados, esa es la realidad en el hospital. Es muy baja la proporción de adolescentes que se presentan a la consulta manifestando haber sido abusados. La mayoría de los casos son hallazgos que tiene que hacer el profesional. Ya sea el medico clínico que lo atiende, el pediatra o el psicólogo. Porque a veces eso está tapado porque el chico no se anima a contarlo, porque él mismo no lo quiere recordar y muchas veces está inclusive encapsulado en su propio aparato psíquico, como si hubiera sido apartado como un mecanismo para poder seguir viviendo con eso tan terrible que le pasó.

Entonces, la llegada a descubrir que un adolescente fue abusado, muchas veces no es por el relato, sino por la ausencia del mismo, o porque de golpe aparece una irrupción en llanto, porque va al consultorio del pediatra y no se quiere desvestir, porque no se deja revisar los genitales, porque cuando el pediatra le pregunta, como lo hace habitualmente, sobre relaciones sexuales, responde que no quiere tener nunca relaciones sexuales. Entonces, el poder detectar las situaciones de abuso en la adolescencia implica poder conocer toda esta trama subterránea que no aparece claramente en la consulta.

M.H.: Nosotros tratamos un caso, del que hicimos un seguimiento, vinculado a una colega, una docente con la que damos clase en un bachillerato popular. Ella descubre el abuso por parte del padre de su niña de 3 años, porque en un momento la niña de pide “haceme como me hace papá”. En este caso, la que detecta la situación es la madre. Porque también hay madres que niegan estas cosas.

S.T.: Lo importante ahí fue que hubo un adulto que logró darle un sentido a lo que dijo la nena que le hizo prender una alarma. Eso es lo que también tenemos los profesionales que trabajamos en este campo, un montón de elementos para entender dónde tenemos que encender alarmas.

Con respecto a las madres te puedo decir varias cosas, nos hemos encontrado con madres cómplices, pero también hay muchas madres que no detectan estas situaciones, o porque están muy desconectadas, deprimidas, o en muchos casos también hemos visto madres que han sido abusadas en su infancia y que para no recordar su propio abuso, ellas también han implementado ciertos mecanismos de defensa que son extremos, como el de encapsular la experiencia traumática y tenerla apartada. No pueden recordar nada que tenga que ver con eso y además no pueden reconocer o ver alguna situación actual que pudiera tener que ver con eso que ellas mismas encapsularon, para no sacar a la vista ese recuerdo.

Entonces, es muy complejo el tema, porque hay muchos casos. En nuestra generación actual el abuso se habla, se llega a contar, se llega a decir, pero en la generación de los padres de los adolescentes actuales, de los padres o de los abuelos, esto no se hablaba, se mantenía tapado durante toda la vida, porque había una sociedad que no le iba a creer jamás a un chico, ni a una mujer, ni a una chica, entonces los relatos se guardaban porque a las personas les daba vergüenza contarlo porque encima eran culpabilizadas. Entonces hoy tenemos muchas madres que han vivido esto y que no pueden detectar y no pueden cuidar a sus hijos/as de esto, se repite la situación de abuso justamente porque ellas vivieron algo así que fue guardado, encerrado bajo muchos candados dentro de su aparato psíquico.

En nuestra justicia tenemos un sesgo todavía fuertemente patriarcal

A.V.: Todo esto tiene implicaciones de relación con la justicia, porque no es solamente la detección sino que tiene que ver con una operación de todo el aparato judicial. ¿Cuál es la relación con la justicia una vez que se descubre y se puede afirmar fehacientemente que hubo un abuso?

S.T.: Por un lado en nuestra justicia tenemos un sesgo todavía fuertemente patriarcal que hace que muchas veces no se le dé valor, por más que estén los elementos en un informe, por ejemplo, lo que pueden informar los profesionales que están tratando a los chicos. Muchas veces puede suceder, o que los niños no sean escuchados, que no se les dé valor a su palabra, o si el niño no relató en la Cámara Gesell con palabras el abuso vivido por parte, por ejemplo, de su papá y los hechos traumáticos, muchas veces se considera que no sirve como prueba. Lo que les contaba antes, tiene que ver con que muchas veces un niño no puede ser el testigo que pueda relatar con la distancia suficiente que necesita un relato.

A.V.: O sea que le piden a un niño que relate como un adulto frente a la justicia. Aclará qué es la cámara Gesell.

S.T.: Es un dispositivo que se usa para tomar la declaración de un niño. Es un adelanto que exista esto en Argentina, porque en muchos países los llevan a declarar directamente al juicio. Se toma una declaración en condiciones particulares, cuidadas, pero sobre eso hay mucho que avanzar, porque la idea que pesa es que la declaración de un niño tiene que parecerse al relato de un adulto. Todavía no está la posibilidad de pensar que los niños tienen otros medios para manifestarse y que tal vez no pueden contarlo con palabras. Esto es a veces un obstáculo para que se demuestre el abuso cuando realmente sucedió y es absuelto el abusador en el terreno penal.

M.H.: Esto fue lo que pasó con el papá de la hija de Natalia. En primera instancia, porque luego se hizo una movilización, se fue al Juzgado, se hizo una radio abierta y allí el Juez revirtió la medida y reabrió la causa. Pero fue producto de una situación de movilización que expuso al Juez.

A.V.: O sea, a los chicos se los trata como a un adulto que tiene que relatar cómo le robaron en el colectivo. No contemplando que el chico tiene una subjetividad en formación y que ese hecho es como vos relatabas antes, una bomba que le estalló.

S.T.: Exacto. Cómo un niño va a poder contar en primera persona, con la distancia necesaria que se requiere para un relato, objetivando los hechos, cómo la persona, que generalmente es el padre, que lo tenía que cuidar y proteger, a quien además muchas veces le tiene miedo porque suelen haber amenazas, cuente los hechos vividos. Es muy difícil que eso suceda. Por eso muchos abusadores quedan absueltos en el juicio penal, porque no están las pruebas de acuerdo a lo que nuestra justicia considera. Nada es homogéneo, hay jueces y juezas que trabajan de una manera muy interesante.

A.V.: Un juez será uno de los presentadores de tu libro el próximo sábado.

S.T.: Carlos Rozanski, exactamente. Por eso lo invité, tiene una modalidad de entender la subjetividad de un niño, de un adolescente y de una madre que permite pensar un montón de cosas que muchas veces no se piensan. Esa justicia, que yo llamaría patriarcal, que se extiende a psicólogos y docentes, es como si esperara que el niño “suba” al terreno del adulto. Espera desde ahí arriba que el niño se eleve y hable en los términos en los que el juez va a poder entender y no al revés, que los adultos traten de acomodarse a lo que un niño pequeño puede, para entender su subjetividad y en el lenguaje en el que puede expresarse un chico.

M.H.: ¿Quién más te acompaña el sábado en la presentación del libro?

S.T.: Carlos Rozanski, Jorge Volnovich y Adriana Franco.

M.H.: Esto será el sábado 7 de abril a las 16.30 en The Cavern Club, en Av. Corrientes 1660 al fondo, subiendo las escaleras. Entrada libre y gratuita. El libro está muy bien distribuido con muy buena exposición en los kioscos. “En carne viva. Abuso sexual infantojuvenil” escrito por Susana Toporosi. Mucho éxito en la presentación.

Fuente: https://www.topia.com.ar

4 cuentos infantiles para prevenir y detectar a tiempo el abuso sexual

Para evitar este daño irreparable es necesario educar a los niños a temprana edad sobre cómo reconocer un abuso sexual. Así, logramos empoderarlos y de paso, debilitamos a los abusadores. ¿Cómo hablar este tema tan difícil con los niños? Leyéndoles cuentos.

Las estadísticas son alarmantes. La Organización Mundial de la Salud (OMS) dice que 1 de cada 5 niños son víctimas de violencia sexual, incluido el abuso sexual, y que esto afecta a niños de todas las edades, razas, clases sociales y religiones. Generalmente se da en entornos cercanos y de confianza, es decir, con tíos, abuelos, primos mayores, profesores, sacerdotes, vecinos o amigos de los padres.

Sabemos que como padres no es fácil abordar este tema con nuestros hijos cuando son muy pequeños, porque tenemos miedo a sexualizarlos a muy temprana edad, a pervertir su infancia, a inculcarles la desconfianza en los mayores, y, en resumen, a presentarles la idea de que el peligro puede estar cerca, cuando lo único que queremos es proteger su inocencia e infancia, criándolos en base a la confianza, el amor y la seguridad.

Pero, aunque suene cliché, la frase “más vale prevenir que lamentar”, en este caso es la gran clave. ¿Por qué? Porque los abusos pueden cometerse a cualquier edad, y porque, si los niños no saben de antemano qué es lo que está permitido que otras personas hagan con su cuerpo, jamás lo verán como un acto abusivo, y será mucho más fácil que el abusador los someta por períodos prolongados a esta violencia tan dañina.

En cambio, un niño que sabe qué es lo que es normal y qué no, estará más alerta y ante un eventual abuso, lo reconocerá rápidamente y podrá negarse, incomodarse o molestarse frente a este hecho, y comunicarlo a sus seres de confianza a tiempo, o al menos impedir que el abusador cometa el abuso. La mayoría de los abusadores actúa en base a la confianza que tiene con el niño, aprovechándose de su inocencia e ignorancia frente al tema.

¿Cómo tratar directamente estos temas tan complicados, sin ser tan explícitos? ¿Cómo llegar a la sensibilidad de nuestros hijos y hacerlos entender qué está bien y qué mal respecto a sus cuerpos, sin violentarlos con el lenguaje? ¿Cómo lograr que interioricen el tema del abuso y que sepan que es tan malo como el maltrato físico o sicológico?

Una buena forma de hacerlo es a través de cuentos infantiles creados por psicólogas especialistas, que enseñan el tema mediante un lenguaje directo y sencillo, acompañado de lindas ilustraciones que potencian el contenido y captan rápidamente la atención de los menores. Aquí les dejamos algunas recomendaciones para diferentes edades.

1. Kiko y la Mano: para niños pequeños

Este cuento infantil español se ha convertido ya en un clásico, y es material pedagógico para muchos jardines infantiles y escuelas públicas de Europa. Cuenta con una serie de materiales, llamados La Regla del Kiko, que incluye una guía, un cuento, un video y carteles, elaborados por el Consejo de Europa, para ayudar a los padres y educadores a explicar a los niños dónde otras personas no pueden tocarles, cómo reaccionar y a quién dirigirse para pedir ayuda.

Kiko, entonces, es un personaje que llega para combatir la violencia sexual contra los niños con una regla importantísima basada en tres ideas fundamentales: su cuerpo le pertenece sólo a él, existen secretos buenos y malos, y formas de tocar buenas y malas.

Los personajes son dos: Kiko y una mano, y la historia se basa en los tipos de contactos que van teniendo ambos, evidenciando así los que están permitidos y los que no, de forma clara y directa.

Aquí pueden leer el cuento, y le dejamos también el video.

2. Ojos Verdes: para niños entre 6 y 12 años

Este libro de la psicóloga española Luisa Fernanda Yágüez, cuenta la historia sobre un niño y su vecino adulto, y la relación secreta que mantienen.

Todo empieza cuando Alex, el niño, va en búsqueda de su pelota perdida y llega a una gran casa con un jardín maravilloso y se encuentra con Max, el entrenador de básquetbol del colegio, que resulta ser su vecino. Max le ofrece enseñarle a jardinear, siempre y cuando fuese un secreto. Y, al ser un conocido, Alex no ve el riesgo en esto y se somete a esta relación que termina en abuso. Por ende, el libro enseña que no se puede mantener secretos con adultos, aunque sean personas conocidas.

Aquí les dejamos el link del cuento.

3. ¡Estela grita muy fuerte!: a partir de 6 años

Este libro busca entregar a los niños una herramienta para enseñarles a hacerse respetar, para prevenir así tanto el maltrato como el abuso infantil. “Una excusa para que niños y niñas, y mayores, entablen un diálogo sobre el derecho de cualquier persona a decir no ante situaciones que nos disgustan o hacen daño”, señala Isabel Olid, autora del cuento.

Además, Olid, junto a la Asociación de Red de Ayuda a Niños Abusados, en colaboración con la Editorial Fineo, elaboraron un Programa de prevención de maltrato y abuso sexual infantil para acompañar el mensaje del cuento, mediante herramientas didácticas que permite que los niños se reconozcan en situaciones de maltrato y abuso y sepan cómo reaccionar.

El libro muestra a la protagonista Estela, una niña pequeña, en dos escenarios diferentes que involucran maltrato o abuso con personas cercanas: el primero es sobre maltrato físico con su mejor amiga del colegio y el segundo sobre abuso sexual con un tío.

Les dejamos el link del cuento en PDF y también el video.

4. Cata y Benja: para todas las edades

El gobierno chileno, a través del Ministerio de Justicia, el año 2012 publicó tres libros como guía básica de prevención del abuso sexual infantil:

Cata, Benja y su Hada Madrina es el primer libro, destinado a niños menores de seis años, que enseña los límites de las demostraciones de cariño de una persona de confianza, representada por un hada madrina.

Cata, Benja y Pincho es el libro destinado a niños entre 6 y 12 años, y explica a través de un amigo, lo que significa directamente el abuso sexual, por qué es malo, y que nadie puede tocarlos de manera indebida, incluidas las personas de confianza como: tíos, primos, abuelos, vecinos, etc. Enseña que no deben existir secretos con adultos y que siempre deben contarle a sus padres aquello que les molesta.

Cata y Benja online es el último libro destinado a adolescentes y que explica los abusos que se pueden cometer a través de internet y cómo evitar exponerse de forma online ante desconocidos. La historia está basada en la conversación por el chat de Facebook entre dos amigos, quienes van exponiendo lo peligroso que es entablar relaciones con personas desconocidas a través de internet, explicándolo mediante lenguaje juvenil y casos puntuales que supuestamente le pasaron a otros amigos cercanos.

Aquí pueden leer los tres libros.

¿Cómo actuar ante un caso de abuso infantil?

El Centro de Asistencia a Víctimas de Agresiones Sexuales (CAVAS), pone a disposición pública una serie de actitudes adecuadas en el caso de enfrentarnos a un abuso infantil:

1. Creer al niño/a: con tipos de respuesta: “Gracias por confiar en mí Y contármelo, así puedo ayudarte a solucionarlo”.

2. Hacerle sentir orgulloso por haberlo contado: con tipos de respuesta: “Has sido muy valiente al contármelo y estoy muy orgulloso/a de ti”.

3. Decirle que no es culpable: con tipos de respuesta: “Tú no has hecho nada malo”, “No es culpa tuya”.

4. Asegurarle que no le ocurrirá nada malo: con tipos de respuesta: “Ahora que me lo has contado, puedes estar tranquilo porque esto no volverá a ocurrir”.

5. Decirle que saldrá adelante: con tipos de respuesta: “Aunque ahora estés un poco triste, todos te vamos a ayudar a que te sientas mejor”.

6. Expresarle afecto con tipos de respuesta: “Te quiero y estaré junto a ti siempre que me necesites”.

7. Mantener la calma: no hablar al niño nunca con demasiada carga emocional, trasmitiendo nuestro desasosiego y preocupación.

8. Asegurarse de que el menor no ha sufrido heridas, y en el caso de que las haya sufrido, acudir a un médico.

9. Proteger a la víctima: impedir que el abusador pueda volver a acceder al menor. Y el mejor método es la DENUNCIA.

En esta nota tratamos el tema de prevención, alertas y formas de acompañar a una víctima de abuso sexual infantil con mayor detalle. Esto gracias a la entrevista que le realizamos al filósofo José Andrés Murillo, víctima del ex párroco Fernando Karadima, y director de la Fundación Para La Confianza, la que se dedica a acompañar a víctimas, generar información relevante sobre abusos y su difusión y a entregar formación y capacitación especializada en abuso sexual infantil a instituciones que trabajan con niños.

¿Qué otros métodos de prevención ante el abuso sexual conoces tú?

-Fuente: https://www.eldefinido.cl

 

 

 

 

Proyecto antenas / Julia Borbolla

TED Talks.- En esta charla, Julia Borbolla, cuenta qué la inspiró para inventar una herramienta interactiva donde los dibujos animados sirven de terapia para niños víctimas de abuso. A la fecha, ha ayudado a más de 8 mil niños.

 

Los pedófilos que no quieren abusar de los niños

Algunos pedófilos dicen que nunca abusarían de niños. Pero ¿existe algún tipo de apoyo psicológico para estas personas que aún no han cometido ningún crimen? ¿Cómo debería tratarlos la sociedad para prevenir que se cometan abusos?

La periodista Catherine Burns, del programa de televisión de la BBC Victoria Derbyshire, habló con uno de ellos.

Este artículo sobre lo que averiguó incluye detalles que pueden resultar perturbadores, debido a la propia naturaleza del tema.


Adam me mandó un mensaje unos días antes de reunirnos por primera vez.

Ya te diré qué llevo puesto para que me reconozcas. Aunque seré el tipo raro :jaja“.

Tiene veintipocos años, pero podría pasar por más joven. Menudo, de pelo oscuro, piel clara y voz suave. No tiene un aspecto “raro” en absoluto.

Se describe como “normal” y cuenta que le gusta salir con amigos, viajar y jugar videojuegos. Pero guarda un secreto: es pedófilo.

Adam no es su verdadero nombre. No quería que reveláramos su identidad, aunque insiste en que nunca ha hecho nada ilegal.

El término pedófilo es utilizado hoy en día por el público y los medios de comunicación como un sinónimo de alguien que abusa sexualmente de menores.

Pero los académicos usan la palabra de otra manera.

Un trastorno mental

Según el manual DSM-5, de la American Psychiatric Association (APA), de referencia para los psiquiatras de todo el mundo, la pedofilia es un tipo de“trastorno parafílico”.

Lo consideran una forma de enfermedad mental en la que un adulto siente atracción sexual primaria hacia los niños prepubescentes.

Eso no significa que hayan abusado de niños y, de hecho, tanto psiquiatras como criminólogos creen que no todos los delincuentes que abusan de menores son pedófilos.

Algunos pueden estar motivados por un deseo de poder o control.

Las personas como Adam se refieren a sí mismas como pedófilas “anticontacto”. Así, reconocen su propia atracción por los niños pero entienden que abusar de ellos está mal.

Adam notó que era diferente del resto cuando tenía 13 años.

Sus amigos empezaron de repente a hablar de chicas y a él no le interesaban.

Pero no podía revelar la verdad: no pensaba en chicas sino en niños menores que él.

En ese momento la diferencia de edad no era tan grande, solo de unos años.

“A medida que crecía, la edad siguió siendo la misma y lo cierto es que incluso disminuyó”, dice.

“Pensé que era demasiado joven para ser pedófilo”

Adam pasó los siguientes años como cualquier otro adolescente, tratando de encajar en un grupo.

“Me sentí aislado, intenté esconderlo, ignorarlo, fingí que no me pasaba, que era normal, traté de concentrarme en mis estudios, en jugar al fútbol”, cuenta.

También fingió que le gustaba una niña de su clase. Como era muy tímido, a nadie le extrañaba que nunca saliera con una chica.

Pero en ese momento Adam no se reconocía a sí mismo como pedófilo.

“Pensé que era demasiado joven, que los pedófilos eran hombres adultos que miraban a los niños“, explica.

En parte era la verdad. La APA dice que solo se puede clasificar como pedófilos a los mayores de 16 años.

Además debe haber una diferencia de edad de más de cinco años entre el sujeto y los niños que los atraen.

“Es un trastorno mental reconocido y es algo que la gente no elige tener. Es una enfermedad como la de alguien que tiene depresión o síndrome de déficit de atención”, dice Derek Perkins, un especialista en psicología forense que ha creado programas de tratamiento para delincuentes sexuales.

Cuando Adam cumplió 17 años se dio cuenta de que su atracción por los niños no era algo que fuera a desaparecer.

“Me preocupaba mucho que pudiera acabar haciéndole daño a algún niño y acabar en prisión. Sería el fin de mi vida”, lamenta.

“Mi edad de atracción es de 1 a 15 años”

La gente como Adam empezó a crear foros en línea y grupos de chat en los que comentan su lucha.

Muchos detestan la palabra “pedófilo” por la manera en que se usa en los medios de comunicación como sinónimo de un “violador de menores” o un “abusador de menores”.

En su lugar, Adam se refiere a si mismo como un MAP, un acrónimo en inglés para minor-atracted person, es decir, una persona que se siente atraída por menores.

En la superficie, Adam parece una persona agradable. Es educado, aunque carece de confianza en sí mismo. Él mismo admite que es muy introvertido.

Le pregunté si alguna vez durante su pubertad estuvo tentado a actuar de acuerdo a su atracción sexual.

“Era demasiado tímido como para hacer algo, en cualquier caso, con cualquiera. Incluso si no fuera pedófilo”, dice.

Adam explica que se “enfada mucho” cuando ve en las noticias historias sobre abuso sexual de menores.

“Estoy haciendo esto (la entrevista) para que la gente deje de hacer eso”, explica.

Adam es firme en lo que quiere decir: que nunca ha abusado de ningún niño, ni en persona ni en internet.

Antes de terminar la pregunta ya me responde enfáticamente: “Nunca, nunca lo haría”.

No hay ni un atisbo de duda en su respuesta. Dice que se mataría antes de hacerle daño a un niño.

Sin embargo, cuando le pregunto por la naturaleza exacta de su atracción se pone incómodo. Se avergüenza, tartamudea y calla.

Admite que tiene “fijaciones” con los niños pequeños, pero dice que se esfuerza mucho para distraerse de esos pensamientos.

Mi edad de atracción es de 1 a 15 años. Pero cuanto más jóvenes son, más prominente es la atracción emocional (en lugar de la física)“, responde.

Adam piensa mucho en las palabras que utiliza, haciendo pausas antes de hablar.

“En realidad no pienso mucho en un niño de uno o dos años de una manera sexual. Lo quiero abrazar y quiero que sea feliz. Principalmente, eso es todo con los niños más pequeños”, señala.

Es difícil no inquietarse con estas palabras, y más con lo que no dice, sobre todo con matices como “no mucho” y “principalmente”.

Intenta aclararlo más: “Si eres un padre y tienes un niño de uno o dos años quieres abrazarlo, besarlo, asegurarte de que ha comido y de que se siente seguro y contento. Y ese es más o menos el mismo sentimiento, pero yo lo tengo con todos los niños. O con los varones”.

Pero le digo que la mayoría de la gente quiere que los niños estén seguros y contentos.

Tras una pequeña vacilación, responde que obviamente “hay una pequeña atracción”, pero dice que se queda ahogada por su respuesta emocional.

Entre un 1 y un 5% de los hombres

Hay cierto debate en torno a las cifras, pero se estima que entre un 1 y 5% de los hombres tienen algún tipo de interés sexual por los niños.

También existe una pequeña cantidad de mujeres que cometen delitos sexuales, pero se desconoce cuántas de ellas son pedófilas genuinas.

Aunque claramente sí hay mujeres que abusan de niños, una gran proporción de las mismas lo hacen en conjunto con un delincuente varón.

Algunos pedófilos se sienten únicamente atraídos por los niños. Otros también se sienten atraídos por los adultos y tienen relaciones “normales” con sus pares.

A Adam no le atraen los hombres ni las mujeres adultos. ¿Qué lo hizo ser así?

Durante mucho tiempo se pensó que los pedófilos habían sufrido abusos o pasado por algún evento traumático durante sus infancias.

Pero según el psicólogo clínico canadiense James Cantor, la pedofilia se debe a un “cruce de cables” en el cerebro.

Cantor cree que la clave está en la formación del cerebro durante las etapas tempranas de la gestación.

“Una bomba de tiempo”

A pesar de su determinación a evitar el contacto con los niños, hubo un período en la vida de Adam en el que su voluntad tembló.

A los 18 años Adam entró en contacto por internet con un grupo de pedófilos “procontacto”.

Le dijeron que “tener contacto sexual con niños estaba bien, que no era nada malo y que no le causaban daños al niño”.

Él quería creerles. Adam está claramente incómodo y nervioso al hablar sobre este período de su vida.

Le pregunto si alguna vez pensó que podría acabar abusando de un niño.

“Pensé que tal vez en algún momento de mi vida, quizás sí. No inmediatamente. Pero me di cuenta de que esto realmente daña a los niños y yo no quiero formar parte de eso”, revela.

Cuando le pregunté si había visto imágenes ilegales de niños en internet Adam me respondió que no, en parte porque no tenía “las destrezas técnicas” necesarias para evitar que lo pillaran.

En un mensaje posterior con más contexto Adam admitió que había querido “mirar por curiosidad”.

“Pero supongo que no seguí adelante ni busqué más las imágenes porque en el fondo sabía que estaba mal”, dice.

Otros pedófilos “anticontacto” a los que contacté, me dijeron que pasaron por fases similares durante las cuales pensaron que acabarían cometiendo delitos. Uno de ellos se describió a sí mismo como “una bomba de tiempo”.

Adam dice que él no escogió ser así: “Tuve mala suerte en la vida. Nunca he sido malo con nadie. ¿Por qué me ha pasado a mí esta cosa horrible?”.

Admite que tuvo pensamientos suicidas durante esa época, pero que ahora esos sentimientos son mucho más raros.

Adam dice que se alejó del grupo de pedófilos “procontacto” después de investigar más y asegura que nunca podría encontrar placer alguno mirando imágenes de niños.

Después decidió que nunca abusaría de un menor.

Falta de ayuda profesional

Algunos pedófilos que nunca han delinquido decidieron en algún punto de sus vidas pedir ayuda médica.

Pero a pesar de la confidencialidad entre el doctor y el paciente, tantos los doctores como otros profesionales tienen el deber de avisar a las autoridades si creen que un niño ha estado o podría estar en peligro.

Muchos expertos, como Dereck Perkins, creen que no hay una “cura mágica”para la pedofilia, pero que los tratamientos sí pueden ayudar.

El fin principal de esos tratamientos no es ayudar a los pedófilos a lidiar con su atracción por los menores sino reducir la posibilidad de que se cometan abusos sexuales de niños.

“Desde el punto de vista de la protección de menores, cuanta más ayuda podamos proveer y cuanto antes, mejor”, dijo.

Pero Tom Squire, director clínico de la Fundación Lucy Faithfull, una entidad que trabaja contra el abuso infantil, dice que no hay suficiente apoyo.

En Reino Unido existen organizaciones que pueden ayudar a las personas que no cometieron delitos sexuales, como la organización sin ánimo de lucro StopSO. Pero tratarse puede costar entre US$900 y US$1300 y en muchos casos al hacerlo los pacientes pierden el anonimato.

Aunque existe cierto consenso entre el gobierno, los expertos y las instituciones de ayuda de que tratar a los pedófilos podría servir para prevenir delitos sexuales contra menores, ninguno de los pedófilos a los que contacté ha recibido ningún tipo de ayuda profesional.

Parece que el mayor apoyo que reciben procede de otros pedófilos.

Adam valora el impacto que tienen los foros “anticontacto”, porque dice que refuerzan la idea de que actuar sobre la atracción está mal.

Pero también se lo contó a algunos amigos y recibió apoyo.

Decirle a su madre fue mucho más complicado.

Incredulidad

No lo planeó, pero un día ella lo encontró llorando. Le preguntó qué le pasaba, pero él le dijo que no podía hablar de eso.

Ella le preguntó si era porque le gustaban los hombres. Él dijo que no, así que volvió a preguntar.

—¿Te gustan las mujeres?

—No.

Finalmente, le preguntó a su hijo si le gustaban los niños.

—Sí.

Adam dice que ella sí le cree cuando le dice que nunca abusaría de un niño.

Sin embargo, no pudo ocultar su reacción cuando le contó que se sentía atraído por niños de hasta un año.

“Me parece que no me creyó… Ella… ella… mmm, ella decía ‘son demasiado pequeños“, cuenta.

“Me seguía preguntando si era cierto. Tenía la cara pálida, como de incrédula”, recuerda.

“Era horrible. No quería hacerla sentir mal y no quería ser un mal hijo. Me sentía tan disgustado conmigo mismo… Ella me hizo sentir así”, añade.

Cuando le pregunto por sus esperanzas de un futuro feliz, Adam dice tristemente: “No sé”.

Todavía es muy joven.

Le digo que puede que esté totalmente convencido de que nunca abusará de un niño, pero que la vida es larga.

Y el se muestra firme. “Nunca he lastimado a la gente de ninguna manera, ni a niños, ni adultos, ni a nadie. No creo que esté en mí hacer daño a nadie“, indica.

-Fuente: http://www.bbc.com

ABUSO EN LA INFANCIA Y ADOLESCENCIA: CONSECUENCIAS EN LA VIDA ADULTA DE LAS MUJERES

No, denunciar abusos no está de moda. Las mujeres comenzamos a hablar, a perder el miedo. “Quiero reconocer a todas las mujeres que sufrieron abusos y siguieron adelante porque tenían, al igual que mi madre, hijos que mantener, cuentas que pagar y sueños que perseguir”,  expresó Oprah Winfrey en la edición de los premios #GoldenGlobes y las mujeres gritamos #TimeUp en el mundo, aliviadas y contagiadas de fuerza.

#TimeUp al violento, al hombre que se cree dueño de las mujeres y sobre todo de su sexualidad. Y ojala llegue el #TimeUp a los pactos de silencio familiares.

Por Lenny Cáceres

Si bien no existen estadísticas hay profesionales dan cuenta del un alto porcentaje de mujeres adultas abusadas en la infancia y/o adolescencia. “Si, es alto el número de mujeres abusadas  en infancia y/o adolescencia. Y teniendo en cuenta que no siempre el espacio psicoterapéutico es un lugar de revelación del abuso”, así lo expresa Rosa Lambert, psicóloga con perspectiva de género y vasta trayectoria profesional.

Pactos de silencio

Uno de los aspectos más traumáticos para las mujeres abusadas y que ha permitido perpetuar esta forma de violencia son los “pactos de silencio familiares”, no siempre explícitos. Los pactos de silencio al interior de las familias, siguen vigentes menciona Sonia Almada, psicóloga clínica y a modo de ejemplo cita el siguiente caso:

“Hace cierto tiempo, realice el psicodiagnóstico de una niña con resultado positivo para abuso sexual intrafamiliar. Cite a su mamá y junto con la niña de 5 años les explicamos lo que la nena había  padecido. La madre se horrorizó, porque no esperaba que el perpetrador, fuese un familiar directo, pero si sospechaba de un abuso.

Me dijo ‘no  lo puedo denunciar, le arruino la vida’ y agregó  ‘a mí me paso también y sigo viva, estoy bien’”.

Los secretos familiares muchas veces tienen que ver con complicidades por sumisión. “Arruinarle la vida” al pedófilo deja por fuera la vida arruinada de la niña, su hija. Otras veces el pacto es totalmente inconsciente, esta mamá hasta esa consulta no recordaba su propio abuso y no había denunciado nunca a su verdugo, su propio padre.

Otras veces el pacto es por temor, a perder un lugar en la familia, hasta el espacio físico donde vivir junto a los hijos e hijas, o su alimento. El mandato patriarcal obliga a hombres y mujeres a callar, a disimular, la conocida “la ropa  sucia se lava en casa” no es solo un refrán es una frase tallada a fuego en el cuerpo social, puntualiza.

“Los pactos de silencio han colaborado para la continuidad de las conductas abusivas en la misma persona y en las siguientes generaciones. Esto desde la historia de abuso sexual. Desde el daño psico-emocional y físico en el o la abusada a trastornos irreversibles o de difícil reparación” agrega Lambert.

¿Qué cambió en las jóvenes para animarse a denunciar, a contar en el espacio posible sobre los abusos padecidos? ¿Solo la bronca las motoriza?

R.S – Las nuevas generaciones educadas y contenidas con más posibilidades de conocimiento de los derechos y con educación menos represiva pueden expresar más tempranamente las situaciones abusivas. Esto genera más tiempo para reparar daños y un actuar de la justicia como gran colaborador de lo terapéutico. La bronca puede ayudar, pero se necesitan otras condiciones más importantes como lo es contención del miedo, de la culpa y la garantía de la protección y acompañamiento a partir de la revelación o la denuncia.

Hay cambios muy notorios en jóvenes y adolescentes en los últimos años. Sin olvidar que falta mucho para que esos cambios lleguen a todas y todos .La posibilidad de comunicarse entre pares a través de las redes así como también con organismos de protección y o familiares lejanos. Una sexualidad más igualitaria entre varones y mujeres. Modificaciones en la currícula escolar aunque aun sea imperfecta y tenue.

S.A – En la clínica, presencio  más frecuentemente “confesiones”  de haber padecido abusos sexuales. Esta situación antes se sospechaba primero, la mayoría de las veces por signos, síntomas y trastornos. Ahora es más habitual que la /el paciente relate la experiencia traumática. Creo que la información ayuda a visibilizar y a permitir que las personas hablen acerca de los que le pasa y se sientan menos culpables, a diferencia de otras épocas.

También es más frecuentes escuchar varones relatando el abuso sexual o situaciones abusivas (de 10 pacientes, 2 varones fueron víctimas de abuso o situaciones abusivas). De 10 pacientes, 8 mujeres fueron víctimas de abuso o situaciones abusivas.

Situaciones abusivas: Presenciar relaciones sexuales de adultos, por dormir en el mismo espacio, ver material pornográfico de los adultos de la casa, etc.

Consecuencias en la vida adulta de mujeres abusadas en la infancia

En cuanto a las consecuencias, las dos profesionales son categóricas. “Las consecuencias en la vida adulta se asocian a lo mencionado anteriormente. Afectando vida social familiar con una psiquis muy alerta ansiosa. Dificultad en la adaptación de las emociones con frecuentes y variadas somatizaciones corporales. Todo ello dependiendo de la antigüedad de la revelación y posterior tratamiento adecuado” expresa Rosita Lambert

Sonia Almada puntualiza y afirma que “los problemas más habituales son las alteraciones en la esfera sexual -disfunciones sexuales y menor capacidad de disfrute, especialmente-, la depresión y el trastorno de estrés postraumático, así como un control inadecuado de la ira; en el caso de los varones, volcada al exterior en forma de violencia; en el de las mujeres, canalizada en forma de conductas autodestructivas. Lo que predice una peor evolución a largo plazo es la presencia de sucesos traumáticos diversos, la frecuencia y la duración de los abusos, la posible existencia de una violación y la vinculación familiar con el agresor, así como las consecuencias negativas derivadas de la revelación del abuso; por ejemplo, romperse la familia, poner en duda el testimonio del menor, agresiones y revictimización.

Existe un alto porcentaje de ideación suicida y suicidio en los pocos estudios existentes hasta el momento que pueden verse repetidamente en la clínica. Trastornos del sueño, de la alimentación, problemas de vinculación, adicciones, y problemas psicosomáticos.”

Experiencia terapéutica con mujeres abusadas sexualmente en la infancia

La experiencia terapéutica de las dos profesionales nos marcan el camino a seguir, teniendo en cuenta que “el abuso sexual no solo se debe cuantificar sino calificar por el enfoque dado al mismo con una capacitación y supervisión adecuada a la problemática”, tal como lo explica Rosita Lambert.

Por otra parte, Almada alerta  “desde mi experiencia clínica,  que data de 1992, con mujeres víctimas de abuso sexual en la infancia, me permite aseverar que es uno  de los flagelos que mas daña la mente y cuerpo de las niñas. Las consecuencias son muy duraderas y el trabajo me gusta pensarlo como ‘semilla de lino’ es muy chiquito y se  debe hacer muy de a poco para retirar las esquirlas  del tiro en la cabeza’  como lo  denominó Irene Intebi  en “Abuso Sexual infantil, en las mejores familias” (Editorial GRANICA).

Las víctimas de abuso sexual son personas muy sensibles que deben ser alojadas y tratadas muy suavemente. Lo primero que uno se encuentra es un silencio abrumador, una oscuridad aterradora. Deben guardar el secreto, así se los enseño el pederasta. Sienten vergüenza por lo acontecido. La mayoría llega con la certeza que tiene responsabilidad y culpa sobre el hecho.
El primer trabajo es des-responzabilizarla del ‘crimen cometido’. Lleva realmente muchísimo tiempo recuperar a una persona de este trauma y siempre es con consecuencias”.

-Fuente: http://diariofemenino.com.ar/v2/

Los pederastas pueden estar bajo el mismo techo

Según datos del Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) 80% de los pederastas son conocidos por el niño y la familia y utilizan la confianza para engañar a los adultos pues aún no estamos preparados para detectar cómo y cuándo actúa un pederasta.

Nadie lo habla, nadie lo escucha, nadie lo ve; cuando un adulto abusa a un niño o adolescente el delito es una pesada culpa que aplasta a la familia: “Yo nunca vi nada sospechoso”, “parecía quererlo tanto,” “¿cómo no me di cuenta?”, “¿será verdad?, esto no puede estar pasando”. Los familiares olvidan que antes de llegar al menor, el pederasta seduce y engaña primero a los adultos.

Ana Hilda Arencibia Valles, exjuez penal de Yaracuy, lo explica: “El abuso sexual infantil es un delito que vive en zona oscura; hasta que no se descubre nadie lo sabe. El agresor sabe que nadie sospecha de él y se vale de eso para perpetrar el delito impunemente, cada vez que quiera, por meses o años”.

Yimmy Rodríguez, psicólogo especialista en niños, niñas y adolescentes, indica que para que el abusador actúe, por lo general, necesita pasar tiempo a solas con el menor por lo que la máxima a aplicar es anular la estrategia 1-1 o dejar que un adulto pase tiempo a solas con un niño sin supervisión, independientemente que sea un familia, un maestro, un entrenador o un sacerdote.

Antes de actuar, el pederasta se gana la confianza de la familia; nadie sospecha de la persona que está cerca y contrario a lo que hemos aprendido la mayoría de los pederastas son conocidos del niño y de la familia, afirmó el especialista. Rodríguez indicó que hay que ejercer la vigilancia activa y aceptar que el abuso sexual infantil puede ocurrir por lo que debemos estar atentos a conductas sospechosas en la relación de la persona con el niño o adolescente.

Estiana Colmenares, directora de Voces de Género, asociación civil asentada en Caracas, Venezuela, dedicada a defender los derechos y niños desde el año 2014, considera que la prevención comienza por la formación en el tema a los padres y a quienes ejercen el cuidado y vigilancia; es decir, maestras, niñeras, entrenadores y tutores deben aprender a prevenir y detectar conductas sospechosas de un adulto respecto a un niño.

Estadísticas de Voces de Género reflejan que el pederastas actúa mayormente cuando salen a pasear o juegan a solas con el niño o adolescente, entendiendo que el abuso es un proceso gradual que lleva años por lo que el menor pasa de la niñez a la adolescencia en manos del abusador, indicó Colmenares y vista la relación de afecto o autoridad para el adolescente es muy difícil hablar sobre lo que le está sucediendo.

En cuanto a los niños más pequeños, de 2 a 8 años, los registros de la organización reflejan que muchas veces son abusados mientras están sentados sobre las piernas del pederasta, quien suele ser un familiar, padrino, entrenador o muy cercano a la familia. La abogada subrayó “La confianza debe ganarse, no darla automáticamente a quien vaya a cuidar a un niño. Hay que estar muy seguros para delegar el cuidado de un menor a terceros. Debemos recordar que todos tenemos el deber de cuidar a los niños y adolescentes que sean dejados a nuestro cargo “.

Romper el silencio

Al investigar sobre el abuso sexual infantil en Venezuela faltan datos, perfiles, estadísticas; la exjuez Arencibia considera que la mayoría de los casos no se denuncian sea por vergüenza, miedo o ignorancia; el silencio se impone, no solo los menores callan, callan los adultos que están obligados a protegerlos.

Si un niño se atreve a hablar, afirma el psicólogo Rodríguez, lo principal es creerle, asegurarle que no es su culpa y separarlo del presunto agresor hasta investigar y determinar si es ese adulto u otro quien abusa del niño. Además debemos recordar que el abuso es una serie de conductas dañinas como manoseos, exhibición a contenido sexual hasta penetración, las cuales resaltó la exjuez implican penas de 4 a 20 años, haya o no consentimiento del menor, según lo establece la Ley Orgánica de Protección a Niños, Niñas y Adolescentes (Lopnna).

“Es un delito que se da en la esfera de la confianza, dentro de las casas, las escuelas u otros espacios; el niño calla porque no entiende lo que sucede y si lo entiende es chantajeado con el cariño o callado por medio de la violencia”, subraya Arencibia.

Cuando un niño es abusado entra en juego el cariño y el afecto, quien lo hace no solo dice quererlo sino que es una persona apreciada por su mamá y su familia.

“El abuso no sucede de un día para otro, va poco a poco y el pederasta se asegura de que el menor nunca lo diga; seduciéndolo, diciéndole que es su culpa o con amenaza; de allí la dificultad para hablar, el niño se pregunta ¿quién me va a creer?”, explica, a su vez, Rodríguez.

Estiana Colmenarez recuerda: “La estrategia más usada por el agresor es la persuasión o la coerción, frases como ‘es nuestro secreto, no se lo digas a nadie’, ‘lo hago porque te quiero’, ‘si lo dices nadie te va a creer’, ‘si hablas, algo malo le haré a tu mamá’, son las más usadas para lograr el pacto de silencio”.

También pueden vestir sotana

No solo entrenadores, padrastros o padrinos se encuentran en la esfera de los pederastas, quienes usan la confianza y el cariño para agredir, también pueden ser ministros de algún culto o vestir una sotana, como pasó con el sacerdote Luis Alberto Mosquera Delgado, sentenciado a 7 años de prisión en el año 2006 por abuso sexual a n niño recibió un beneficio procesal y hoy oficia misa en El Tocuyo, estado Lara, pese a que su presencia amenaza los derechos colectivos y difusos de niños y adolescentes, como el derecho a ser protegidos del peligro.

Mosquera Delgado, según explica un consejero de protección, es una amenaza para los niños y adolescentes y de acuerdo al artículo 347 de la Lopnna, en su numeral K, el Consejo Municipal de Derechos de Niños y Adolescentes (Cdmnna) debe intentar la acción de protección, exhortar a las instituciones a separar al sacerdote de la cercanía con niños y adolescentes y garantizar sus derechos.

Desde febrero 2009, el sacerdote administra la parroquia Nuestra Señora de La Valvanera y sobre él pesa no solo la condena por haber abusado a un niño de 6 años dentro de la casa parroquial del barrio San Jacinto en Barquisimeto (tal como consta en el expediente) sino la denuncia de violación en grado de tentativa hecha en el año 1996 en Carora por la mamá de un menor de 12 años, el cual logró huir de Mosquera Delgado al presuntamente intentar abusarlo.

Señalar al pederasta

Admitir que quien abusa puede estar bajo el mismo techo es el primer impedimento para darse cuenta. Los adultos no imaginan que pueda ser posible y por ello, explica el psicólogo Rodríguez, el abuso sigue en el tiempo y no puede ser detectado, salvo que el niño hable (lo que no pasa casi nunca) o el pederasta sea descubierto.

“Al descubrirse el hecho o sospechar de que algo está ocurriendo lo correcto es denunciar y, por lo general, las denuncias son hechas por la familiares o maestras, quienes según la Lopnna, al tener autoridad y vigilancia sobre el menor están obligadas a cuidarlo”, recordó la exjuez penal Arencibia.

“Cuando delegas el cuidado de un niño o adolescente a una institución (sea escuela, liceo o sistema deportivo) el tutelaje del menor lo tiene la institución y durante el lapso de tiempo que el menor permanezca allí son responsables de lo que pueda pasarle, incluido que sea abusado sexualmente”, subraya Arencibia.

La abogada recordó que no se debe ser negligente al momento de proteger a un niño o adolescente y que cualquier persona puede hacer la denuncia sea a través de la fiscalía de la materia o a través de los concejos municipales de derechos del niño, niña y adolescente (cdmnna).

Por su parte, Colmenares detalla que además de la familia y maestros, el personal de salud es corresponsable de denunciar toda situación que atente o vulnere la integridad de un niño o adolescente y, si observa o sabe de un posible hecho punible de abuso sexual infantil, tiene la obligación legal y moral de hacer la denuncia respectiva para frenar al pederasta.

Prevenir es ejercer el cuidado activo, proteger a niños y adolescentes no solo de los extraños sino de los conocidos. El abuso sexual infantil se basa en la confianza, el cariño y el contacto; quien abusa está cerca y puede ser un padrastro, un tío, un padrino, un maestro o entrenador, las estadísticas así lo reflejan, por ello debemos aprender a ver actitudes extremadamente cariñosas, tratos preferenciales y evitar dejar a solas al niño o adolescente; delegar su cuidado solo cuando sea realmente necesario.

No basta con enseñar a los niños a no permitir les toquen sus partes privadas, no basta con observar signos de posibles abusos, para prevenir debemos comenzar por formarnos en el tema observar a los adultos que rodean a los menores y detectar conductas inapropiadas como insistencia en jugar o salir siempre a solas, marcada preferencia por el menor y en algunos casos, explica el psicólogo, tratarlos como pareja. La prevención, el cuidado y vigilancia es fundamentalmente una responsabilidad de los adultos, aspirar que los niños se cuiden solos es una estrategia que da pocos resultados.

-Fuente: https://elpitazo.com/ultimas-noticias/los-pederastas-pueden-estar-techo/

-Imagen: andreacanon.com

El síndrome de acomodo al abuso sexual infantil

El síndrome de acomodo al abuso sexual infantil (SAASI), incluye y explica las respuestas que las y los sobrevivientes desarrollan frente al abuso sexual y al incesto.

Dicho síndrome comprende las reacciones más frecuentes de los niños abusados sexualmente y se aplica tanto a niños como a niñas, dado que son fases psicológicas que muestran los distintos momentos que atraviesan. El Síndrome de Acomodación al Abuso Sexual Infantil (SAASI) incluye cinco etapas: el secreto, la desprotección o indefensión, el entrampamiento y adaptación, la develación tardía y no convincente y por último la retracción.

El secreto

Impuesto por manipulación, amenaza, violencia o “en nombre del amor”, que es la coerción más dañina que acompaña la violencia. Después viene la respuesta hostil y cínica del ofensor, desacreditando a la víctima. La familia, en colusión con él, hace preguntas inculpadoras, que agravan los sentimientos de culpa y vergüenza y propician el secreto.

La desprotección o indefensión

Son los sentimientos de indefensión, vulnerabilidad y soledad aprendidos por la víctima en una familia en la cual amor es igual a coerción, violencia y explotación. Hogares donde son más peligrosos los familiares que los extraños. La habitación, la cama, lejos de estar poblados de cuentos infantiles y sueños felices, lo están de pesadillas y fantasmas.

El entrampamiento y adaptación

Se refiere a ese aprendizaje doloroso de la víctima de sentirse atrapada, traicionada y no escuchada. Los niños mantienen las experiencias traumáticas totalmente separadas del resto de sus vivencias cotidianas. El menor víctima no puede impedir el abuso y termina aceptándolo, frecuentemente, asumiendo la culpa por su consentimiento. Es demasiado alarmante para el niño o niña el aceptar que aquellos que dicen amarlo podrían dañarlo. De esta manera, el menor asume que el malo es él, y por eso le ocurren estas cosas. Es muy común que los niños que han sido víctimas del abuso no solamente sienten que han hecho algo malo sino que creen que su verdadera esencia debe ser mala para que le hayan ocurrido estas cosas.

La develación tardía y no convincente

Es la divulgación retrasada, conflictiva y no convincente, y se refiere a una serie de formas de revelar el abuso. El retraso que se produce en algunos casos hasta la revelación del hecho, depende en muchas ocasiones de que el agresor sea conocido o que tenga relación de parentesco con la menor. Esta etapa de develamiento tardío se produce porque la víctima mantiene el silencio, hasta que puede comenzar a hablar y cuando lo cuenta se duda de su veracidad, de porque no hablo antes, si esto no es su fantasía, etc. En casos de desconfianza y negación por parte de la figura materna u otros miembros significativos del grupo familiar ante la revelación del ASI se observa el desarrollo de perturbaciones mayores. La desconfianza y descreimiento que percibe la víctima de parte de su oyente hacen que se cumpla uno de los preceptos del ofensor de que no será creída, y el ASI continuará en secreto entre abusador y abusado, a pesar del intento de la víctima, a través de su relato, de recibir algún tipo de ayuda.

Retractación

Aquellas víctimas que no han recibido apoyo tras la develación, ya sea porque no les creyeron o porque sencillamente no se efectuaron acciones específicas que anularán los sentimientos de culpa y vergüenza, o incluso el cese del ASI es frecuente y habitual que se retracten de sus dichos. Ante la respuesta indiferente; nula o escasa del medio puede afirmar que esta es una invención; que esto no ha ocurrido; asumiendo un rol de perturbada, perversa y desequilibrada pero manteniendo una aparente armonía y estabilidad de su familia. Estos grupos familiares creen más la retractación que el ASI, implicando esto enormes riesgos psicológicos a partir de esta no credibilidad y retractación.

 

-Fuentes: https://ambarinfancialibre.com/

-Imagen: pexels.com